Tigre Rojo: cuatro décadas formando su propia dinastía en Puebla
En su visita al programa “Desde La GRADA”, el legendario luchador poblano que ostenta más de 40 años de experiencia, contó sus anécdotas en el ring, además de su incursión como entrenador de los talentos del mañana en el pancracio local.
La lucha libre de Puebla presume de múltiples historias gloriosas, pero una que es necesaria ahondar hasta sus profundidades es el caso de Tigre Rojo, un gladiador que no merece mayor presentación, pues sus 40 años de trayectoria hablan por sí solos siendo ícono del pancracio local en la Arena Puebla.
En su otra faceta como entrenador y guía de las nuevas generaciones, el legendario gladiador visitó el programa “Desde La grada” donde contó sus inicios, algunas anécdotas de su amplia carrera y su actualidad como el líder de un semillero que ha producido talento desde 1996 hasta la fecha.
Apenas tomó el micrófono, Tigre Rojo aseguró que vive un sueño hecho realidad en el que no tenía contemplado ser luchador, pero una experiencia en la infancia descubriendo que su padre fue luchador profesional, fue motivo suficiente para motivarlo a escribir su propio capítulo.
“Jamás me imaginé algo así, esto ha sido un sueño, que se va construyendo con el tiempo, lo vas luchando. Recuerdo que cuando era niño, descubrí que mi padre fue luchador en los sesentas; un día encontré unas botas pero nadie quería decirme nada, entonces después de tanta insistencia, supe que eran de él y eso me impactó”, explicó.
Conectado a las cuerdas
Recordando que en los años sesenta fue a verlo en la Catedral de la Arena Puebla, Tigre Rojo aseguró que a los diez años, supo la verdad, hecho que le permitió ir encaminando su destino que irónicamente, entre más lo alejaron del ring, fue encontrando la manera de formar parte de él.
“Cuando me contaron la verdad me pidieron que mantuviera el secreto, como una especie de anonimato. Conforme crecí, fui entrando más al mundo de la lucha, empecé en una arena que ya no existe en Santa María, y luego la de San Pedro ahí en el centro de Puebla capital y ya después, la Arena Puebla”, detalló.
A diferencia de lo que sucede en las familias de luchadores, Tigre Rojo, el hermano mayor de cinco hermanos (Tigre Carcelero, Tigre Carcelero Junior, Hijo del Tigre Carcelero, Paloma Blanca, y la menor que nunca luchó), reveló que las enseñanzas del pancracio no fueron sencillas ni una obligación, sino todo lo contrario, un extenso compromiso por cumplir con ciertos objetivos en la vida.
“Yo le tuve que rogar a mi papá para que me enseñaran, pero siempre la consigna era de que, si tú aprendes a respetar, obedecer, e ir bien en la escuela, podía tener esa posibilidad. Eso me ayudó mucho porque entendí el valor de la disciplina”, añadió.
Superando barreras
Entre su anécdotas, el gladiador de la Angelópolis reveló que en sus primeros años, entrenó y luchó a escondidas de su papá al mencionar que era muy estricto al exigir una carrera o un oficio para su futuro, motivo que le hizo a buscar una alternativa para cumplir su máximo anhelo.
“Mi papá era muy estricto y me dijo que debía darle una carrera o no luchaba, entonces yo estaba en prepa y tuve que conseguirme un trabajo para ayudarme en mis gastos; justamente en esos tiempos empecé a entrenar a escondidas de mi papá en la Arena Puebla conociendo al entrenador Manuel Robles”, recordó.
Tigre Rojo contó a este medio su debut en 1986 resaltando que su profesor lo bautizó con el nombre que hasta hoy presume detallando que en sus inicios negó su vínculo con la lucha libre por temor a que fuera descubierto, hecho que también le permitió forjar su propio camino en los encordados.
“Yo debuté a los 18 años en la Arena Puebla. En mis inicios yo dije que no tenía familia de lucha libre porque no quería que se enterará mi papá. Estuve un buen rato en el anonimato y yo tenía mis cosas escondidas debajo de mi cama, mandaba a lavar mi ropa a escondidas, atendía mis máscaras y así empezó la carrera del Tigre Rojo”.
En ese sentido, también contó el momento en el que fue descubierto por su papá, siendo de forma categórica, pues fue llevado a la Arena Puebla teniendo el apoyo de su entrenador para que le contara su aventura en el cuadrilátero.
“Un día llevé a mi papá a la Arena Puebla y le dije al entrenador si podía explicarle las razones por las que lucho, siempre dije que más vale ser un deportista que un vicioso. Después de verme en el ring me dijo ¿Cómo es posible? ¿Cómo le hiciste? Y todavía me dijo que no le gustaba que él mismo me bajaba”, contó.
Forjando la leyenda
Haciendo un breve recuento de su larga estadía como parte de las increíbles funciones en la Arena Puebla, Tigre Rojo recordó luchas de alto calibre con generaciones doradas del pancracio nacional entre los años 80 y 90 con Toro Bill, El Califa, los Villanos, Los Brazos, por mencionar algunos.
Durante esta época de apogeo, resaltó su primer premio ganando el reconocimiento del Novato del Año en 1987 y, posteriormente, Revelación del Año en 1988 para luego darle paso a su vida matrimonial donde nacieron Tigre Rojo Junior y Chitara a principio de los años novena siendo el momento más alto de su carrera al ser protagonista en la Arena México en el Consejo Mundial de Lucha Libre (CMLL) contra leyendas como Los satánicos, Lizmark, Los Brazos, Los Villanos, Los Espectros, por mencionar algunos.
En esos años, resaltó que surgió la idea de poner un gimnasio que inicialmente era para entrenar junto con algunos luchadores, no obstante, con el tiempo se fue creando la idea de extender el espacio como un recinto para el gremio y posteriormente, para las nuevas generaciones para ser el semillero que ha abierto las puertas a los gladiadores desde 1996 en Puebla capital.
Lamenta pérdida de valores
Hablando de la llamada crianza “moderna”, el luchador poblano se sinceró sobre los cambios abruptos que se han tenido en cuanto a la enseñanza de los menores, pues antes los valores eran fundamentales, mientras que hoy en día es todo lo contrario teniendo en contra los señalamientos por ocupar algún método del pasado.
“Es muy complicada la crianza de hoy; han cambiado mucho las cosas a través de los años, porque se ha perdido el respeto, los valores y el agradecimiento a las personas que te enseñan. Eso era lo primero que nos enseñaban, porque hoy le tienes que rogar al niño que se porte bien. Al menos la crianza funcionó con mis hijos”, explicó.
El padre de Tigre Rojo Jr y Rey Dragón, presumió los resultados de su arduo trabajo con ellos y ahora con Atenea, su nieta, mencionando que la educación, el respeto, la disciplina, así como el trabajo son bases fundamentales para el buen desarrollo de buenos luchadores y mejores personas.
Semillero de talentos
En la recta final de la entrevista, Tigre Rojo mencionó que el GYM que lleva su nombre sigue tan vigente como hace 30 años, además del surgimiento de la Arena San Ramón que desde 2014 también ha sido un espacio para desarrollar a los luchadores del mañana con la experiencia de sus hijos Tigre Rojo Junior y Chitara.
Sobre la alta convocatoria que tienen las nuevas generaciones por entrar al mundo del pancracio, Tigre Rojo reconoció que se deben buscar opciones, pues el CMLL tiene una exigencia a la altura de la organización donde una oportunidad puede tardar días, meses, semanas e incluso años.
“En el Consejo Mundial de Lucha Libre está durísima la competencia para llegar ahí, es muy complicado, me tocó; debes trabajar mucho y esperar tu oportunidad para aprovecharla porque si no, adiós”.
Finalmente, aprovechó el espacio para invitar a los aficionados a la lucha libre que visiten el Coliseo San Ramón contactando al número 2222033990 para escribir un mensaje en WhatsApp para que pidan informes.