México y Uruguay firman un empate áspero en Torreón
México sostuvo un examen complicado ante la Uruguay de Marcelo Bielsa que se saldó con un empate sin goles marcado por el despliegue de Gilberto Mora.
México protagonizó uno de sus amistosos más físicos del año frente a un Uruguay que, aun sin todos sus titulares, volvió a ser un rival incómodo. El equipo mexicano dejó buenas sensaciones por momentos —especialmente por la banda de Mora—, pero le faltó claridad para romper la solidez charrúa.
La noche en Torreón comenzó con un buen ambiente y expectativas altas para medir el pulso del tricolor rumbo al ciclo mundialista. Desde el silbatazo inicial, México buscó que el balón pasara por los pies de sus generadores y que la amplitud se construyera desde la derecha, donde comenzó Hirving Lozano que salió por lesión y entró Gilberto Mora asumiendo el rol de agitador principal.
El joven chiapaneco fue el jugador más participativo del cuadro nacional: encaró, protegió balón cuando lo exigía la jugada y estuvo a punto de marcar un gol de bandera.
Raúl Jiménez y Alvarado intentaron acompañarlo filtrándose entre centrales, pero Uruguay cortó casi todas esas asociaciones a tiempo.
El primer tiempo avanzó en un equilibrio táctico. México tenía la pelota, Uruguay tenía el oficio. Cada intento mexicano encontraba respuesta: presión escalonada, cierres puntuales y una lectura defensiva que evitaba rupturas por dentro.
Uruguay respondió antes del descanso con dos aproximaciones peligrosas: una transición de tres toques que terminó en un disparo desde la media luna, y un tiro de desde el pico del área que exigió a Rangel.
México terminó la primera mitad sin sufrir demasiado, pero también sin encontrar el pase final que rompiera el cerco visitante.
Ligeramente mejor el complemento
Cuando inició la segunda parte, México adelantó líneas y reforzó su presión alta, intentando forzar errores en la salida uruguaya. Nuevamente Mora fue clave: dos desbordes consecutivos sobre el lateral izquierdo rival pusieron al público de pie.
La mejor acción del tricolor llegó nuevamente por Mora, que al 32 del complemento, quebró a su marca y sacó un remate cruzado que salió apenas a un lado del poste derecho.
Uruguay, fiel a su esencia, no se desesperó. Ajustó su medio campo y esperó su ventana para renovar por los costados. Fue entonces cuando, al minuto 73, el ex jugador del Puebla, Maxi Araujo, entró al minuto 73, movimiento que le dio a la Celeste un nuevo dinamismo por el carril izquierdo. Su ingreso cambió la forma en que México defendía, obligándolo a replegar un par de metros y a vigilar más la espalda de sus laterales.
Con el ingreso de Araujo, Uruguay hiló sus ataques más consistentes del partido y fue víctima de un penalti clamoroso, que el árbitro simplemente no quiso marcar. Aunque en descargo de su posible parcialidad localista, previamente tampoco marcó un posible penalti sobre Berterame.
México respondió con intentos aislados de Jiménez y un cabezazo desviado tras servicio de Mora, quien fue el motor ofensivo del equipo durante todo el encuentro.
El tramo final fue un intercambio de esfuerzos sin precisión. México buscaba, Uruguay contenía, y ambos equipos parecían aceptar tácitamente que un error sería fatal y se fueron tranquilos con la igualada.
El público de Torreón tuvo un comportamiento lamentable, abucheando a Raúl “Tala” Rangel que apareció en el marco nacional en detrimento del santista Carlos Acevedo.
México volvió a mostrar que en esfuerzo y orden puede competir con cualquiera, pero también que necesita urgentemente afinar su último toque. Gilberto Mora dejó claro que atraviesa un momento ascendente y que puede ser un elemento determinante para el tricolor en los próximos meses. Uruguay, por su parte, cumplió con su libreto habitual: intensidad, equilibrio y ese colmillo que siempre complica al equipo mexicano.