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Lapuente: un pedazo de franja en el cielo

Murió el más emblemático referente en la historia del Puebla. Manuel Lapuente encarnó la quintaesencia de La Franja y deja un hueco imposible de llenar. El futbol poblano amanece con un sentimiento de orfandad.

David
David Badillo

Actualizado: 27 OCT 2025 - 7:48

Lapuente: un pedazo de franja en el cielo
Arte: Osvaldo López

Manuel Lapuente Díaz nació —como premonitoriamente— un día del maestro: el 15 de mayo de 1944. Es decir, una semana después del primer partido que disputó el Puebla de la Franja en el futbol profesional. Esa casualidad, casi profética, anticipó lo que más adelante sería una asociación indisoluble: Lapuente y el Puebla.

Aunque don Manolo siempre defendió su origen poblano, lo cierto es que nació en el entonces Distrito Federal. Lapuente decía que era “chilango de nacimiento, pero poblano de corazón”. Hijo de un matrimonio teziuteco de ascendencia española, Lapuente conoció el futbol a muy temprana edad y desde entonces quedó enganchado al balón.

Su padre y sus tíos, todos nacidos y forjados en “La Perla de la Sierra Poblana”, también jugaban con asiduidad y relativa calidad al balompié. Por aquellos años, apenas se comenzaba a denominar como profesional a la Liga Mayor del Futbol Mexicano, por lo que la pasión balompédica de los Lapuente, se limitó al esparcimiento lúdico en los tiempos libres.

Pero la semilla germinó muy rápido y se desarrolló a plenitud en el joven Lapuente, quien no contaba las horas para terminar las clases y jugar con el equipo del Instituto Patria, escuela jesuita donde estudió toda su educación básica en la capital del país.

Al concluir la preparatoria, con la inquietud de jugar a nivel profesional, pero también de cumplir con el designio de sus padres, que le obligaban a estudiar una carrera universitaria, Manolo encontró respuesta a su dilema firmando un contrato profesional con los Rayados del Monterrey, club que ofrecía como parte de su pago, una beca en el Tecnológico de Monterrey.

Debut profesional

Con “La Pandilla” del Monterrey, Manolo Lapuente tuvo una consolidación prematura en su temporada de debut (64-65), pero contrastó con un declive en su segundo año, en el que tuvo que comer banca y buscar un nuevo horizonte como futbolista profesional.

En aquel Monterrey de figuras importantes como Claudio Lostaunau, Jaime “Tubo” Gómez y Guillermo Vázquez padre, Lapuente coincidió por primera vez con otro joven español, internado también en el Tec: Benito Pardo.

Para la temporada 66-67, Lapuente llegó al que sería su otro gran amor en el futbol: el Necaxa. Con los electricistas, la carta de presentación de Manolo no pudo ser mejor: marcó 20 goles y se quedó a uno del campeón de goleo de aquella temporada, el brasileño Amaury Epaminondas del Toluca.

Con el Necaxa, Lapuente ganó sus primeros llamados a la Selección Mexicana y conquistó la medalla de oro en los Juegos Panamericanos de Winnipeg en 1967. Luego de cuatro campañas muy aceptables como necaxista, dejó de jugar previo al mundial de 1970 por los múltiples conflictos con la morosa directiva, el cisma que derivó en lo que más adelante sería el movimiento sindicalista que organizó Carlos Albert.

Amor a primera vista

Retirado momentáneamente del futbol, Lapuente recibiría en diciembre de 1970 una llamada de su amigo Benito Pardo. El gallego se acababa de enrolar con el equipo de la Franja y había recomendado a Manolo como una opción para reforzar la delantera del conjunto recién ascendido a primera división.

Al dueño del club, Rafael Moreno Valle Sánchez y al entrenador del equipo, “el gordo” Francisco González Gatica, les brillaron los ojos cuando el divino calvo arribó a la Angelópolis. Lapuente pasó en el Necaxa de ser un extremo a un fino volante, con llegada y gol, justo lo que requerían los Camoteros, que habían regresado al máximo circuito un mes antes.

La presentación de Lapuente con el Puebla, se produjo el 31 de diciembre de 1970 en el marco del partido amistoso celebrado en el estadio Cuauhtémoc ante el Wolfsburgo de Alemania. El Puebla perdió pero Lapuente lució y dio una muestra de su bizarría al jugar todo el segundo tiempo con la nariz fracturada.

Manuel Lapuente sería el símbolo de aquel Puebla del primer lustro de la década de los setenta y su clase le permitió regresar a la Selección Mexicana, donde fue un indiscutible de Javier de la Torre. Así recuerda esa etapa uno de los grandes amigos de Lapuente y leyenda de los Camoteros, Luis Enrique Fernández.

“Manolo tenía mucha clase y era un líder, se veía desde entonces que podía ser un buen entrenador”.

Con el Puebla, Lapuente alcanzó la semifinal en la temporada 73-74 y conoció al que sería su gran maestro e inspiración definitiva: don Ignacio Trelles. Manuel Lapuente se retiró con los Rojinegros del Atlas, equipo para el que jugó media temporada en la liga 74-75.

El triplete que no contó

Corría la jornada 22 de la temporada 72-73, era el mediodía del domingo 25 de febrero de 1973 y el Puebla recibía a los canarios del América. El equipo de la Franja ya era conocido a nivel nacional como “el coco del América” y Manuel Lapuente era un habitual verdugo de los capitalinos.

Ese día la rivalidad Puebla vs. América alcanzaría el culmen y se escribió el capítulo más insigne de aquella Franja de patillas prominentes y melenas largas. Era el Puebla de Lapuente, Pardo, Luis Enrique, Juanito Alvarado, Sconfianza, Ibarreche, “Coco” Gómez y sobre todo, de Nacho Trelles en la banca. Enfrente estaba el América de Reinoso y Borja, el poderoso y odioso equipo de José Antonio Roca.

Lapuente bordó el futbol con un triplete a los minutos 4, 27 y 47, pero el América empujó y se acercó al 68 y 74 con anotaciones de Oswaldo Castro y “Popeye” Trujillo, respectivamente. Parecía inminente el empate, cuando Trelles se metió a la cancha alegando que estaban pateando a Ibarreche y el árbitro —peruano naturalizado mexicano— Arturo Yamasaki no marcaba las faltas.

Ibarreche se quedó tendido en el campo y Trelles continuó con su práctica dilatoria, en un hecho sin precedentes, el árbitro tomó el balón y suspendió el partido cuando sólo faltaban 8 minutos para el final. La FMF ordenó increíblemente que se repitiera todo el encuentro en abril. El Puebla volvió a ganar 3-2 pero aquel triplete de Lapuente no contó.

Don Manolo me platicó que nunca pudo encontrar esos goles en la videoteca de Televisa, él creía —un poco en broma y un poco en serio— que fueron borrados alevosamente porque fue de los pocos partidos que narró José Ramón Fernández para esa televisora. Así que todo lo que pasó allí, vive únicamente en el recuerdo de quienes lo pudieron presenciar.

De bombero a mago

Lapuente comenzó su carrera como entrenador —que es la parte más conocida— mucho antes del primer título de liga en la temporada 82-83.  Su debut sí fue con el Puebla, pero en la temporada 78-79, en la que sólo dirigió dos jornadas (12 y 13) en mancuerna con Antonio “Burro” Figueroa.

Al año siguiente, en la campaña 79-80, se hizo cargo del equipo prácticamente durante toda la temporada (de la fecha 3 al final), logró la salvación del equipo y pasó a la dirección deportiva durante los dos siguientes años.

Fue a partir de la 82-83 cuando recibió definitivamente la oportunidad. Emilio Maurer lo propuso, don Pedro Ángel Palou dio el visto bueno y el resto es historia. Lapuente logró el milagro, condujo con maestría a los Camoteros que se coronaron contra todo pronóstico por primera vez y repetiría la dosis —con una plantilla muy poderosa— en la 89-90.

En medio de esos dos títulos con La Franja, se dio tiempo de dirigir a los Tigres, Atlante, Cruz Azul y Ángeles de Puebla, a los que salvó en la 86-87. Los dos títulos de liga del Puebla fueron bajo su batuta y las tres finales también. Además, la Copa en 89-90 y el campeonato de la Concacaf en 1992.

En esa etapa de finales de los ochenta y principios de los noventa, nadie pudo dirigir al Puebla como él. Se fue por un periodo muy breve a la Selección Mexicana, pero regresó para darle una última alegría a la afición con aquella final alcanzada en 1992 ante el León.

Tuvo una última etapa con el Puebla en 2013, en lo que sería su despedida de los banquillos. En 2018 encabezó como director deportivo el proyecto de los extintos Lobos de la BUAP, logrando el objetivo de la salvación, aunque el equipo fue vendido a Ciudad Juárez.

Un ganador nato

Su último campeonato lo logró en 2002 con el América, equipo que tenía 13 años sin coronarse. Previamente, llevó a México a ganar su único título FIFA en mayores: la Copa Confederaciones de 1999.

En el Mundial de Francia su selección jugó por nota y sigue siendo calificada por muchos, como la mejor versión de México en los mundiales. Llegó a la Selección luego de darle forma al “equipo de la década”: el Necaxa bicampeón de los noventa.

Las cenizas de don Manolo Lapuente ya descansan en Puebla, en su Puebla donde eligió morir con su gente. El futbol nacional está de luto, se ha ido una de sus máximas leyendas, y el futbol poblano quedó huérfano.

Sobre el autor

David Badillo
David Badillo

David Alberto Badillo es un periodista poblano con más de 15 años de experiencia. Conductor de deportes en Puebla TV de 2011 a 2020, narrador de Pericos de Puebla en 2015 y 2016. Fue Director de Comunicación de Borregos Puebla de 2019 a 2023. Actualmente es comentarista en Multimedios Canal 6, columnista en Milenio y reportero en GRADA.