Agrónomo de Cruz Azul entra al rescate del césped del Estadio Cuauhtémoc
Informe GRADA: Tras la salida de Raúl Barrios, el mantenimiento del césped del Estadio Cuauhtémoc quedó en manos de Luis Flores, ingeniero agrónomo del Cruz Azul, quien ya trabaja en un plan urgente de rehabilitación de cara a la intensa agenda que se avecina en los siguientes días.
La directiva de Cruz Azul entra al quite tras el desastre del Club Puebla en la rehabilitación de la grama del dos veces mundialista y olímpico Estadio Cuauhtémoc. Se busca una recuperación acelerada del césped, en uno de los momentos más exigentes para el histórico recinto.
La cancha del estadio Cuauhtémoc vive un nuevo capítulo en su ya larga y compleja historia. Tras la renuncia de Raúl Barrios, conocido en el medio como “El Señor de las Canchas”, dada a conocer por GRADA, la responsabilidad del terreno de juego fue asumida desde hace unos días por Luis Flores, ingeniero agrónomo perteneciente a la estructura del Cruz Azul.
De acuerdo a fuentes al interior del club, GRADA pudo saber que la institución celeste tomará un papel central en la recuperación del césped del coloso de la colonia Maravillas.
Desde la directiva celeste y con la anuencia de su símil poblano se le ha confiado una misión que, puertas adentro, se reconoce como un auténtico reto: rescatar una cancha castigada por el uso constante, las condiciones climáticas y la acumulación de eventos, justo cuando el inmueble se prepara para una carga importante de encuentros tanto de futbol nacional como internacional.
El plan de trabajo contempla una intervención inmediata y progresiva, enfocada no sólo en mejorar la imagen superficial del campo, sino en rehabilitar la estructura del césped, el sistema de drenaje y la compactación del suelo.
La prioridad es devolverle al Cuauhtémoc una superficie segura, pareja y funcional, acorde a su historia y a las exigencias del calendario que se avecina.
Para esta labor, Flores no estará solo. Junto a él arribó a Puebla un equipo técnico especializado, integrado por personal con experiencia previa en plazas como Querétaro y Pachuca, dos sedes reconocidas por el manejo y mantenimiento de sus superficies de juego.
Se trata de un grupo que ya ha trabajado en contextos de alta exigencia y que conoce los tiempos cortos con los que suele operar el futbol mexicano.
Desde el entorno del estadio se asume que el margen de error es mínimo. El Cuauhtémoc, dos veces mundialista, no puede darse el lujo de presentar un terreno en malas condiciones cuando está llamado a ser protagonista de múltiples eventos.
Por ello, el arribo de la estructura del Cruz Azul se interpreta como una apuesta por experiencia y método, en busca de ese “milagro” que permita recuperar la cancha en el menor tiempo posible. Así, mientras el estadio se prepara para semanas de intensa actividad, el foco también está puesto en el césped.
Una carrera contra el calendario
Más allá de la intervención técnica, el principal enemigo del nuevo equipo encargado del césped será el tiempo. La programación de partidos en el Cuauhtémoc reduce al mínimo las ventanas de descanso del terreno de juego, lo que obliga a planear trabajos quirúrgicos y escalonados, con resultados visibles en lapsos muy cortos.
En ese contexto, el desafío también es operativo. Cada partido disputado representa un desgaste adicional que pone a prueba el avance del tratamiento, por lo que el seguimiento será constante y casi diario.