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Club Puebla se desploma; firmó un ridículo ante el colero Santos

La Franja perdonó y terminó humillándose sola ante el último de la tabla; errores, expulsión y falta de carácter sellaron otra jornada vergonzosa.

David
David Badillo

Actualizado: 23 MAR 2026 - 8:24

Club Puebla se desploma; firmó un ridículo ante el colero Santos
Arte: Osvaldo López

Lo que parecía un partido asequible terminó convertido en una exhibición de impotencia. El Club Puebla no sólo perdió, sino que hizo ver competitivo al último lugar de la tabla, en un encuentro donde tuvo todo para ganar y eligió equivocarse en cada momento clave.

El arranque fue engañoso. En cuestión de segundos, la Franja ya había tocado la puerta con dos ocasiones clarísimas: primero un disparo lejano de Kevin Velasco que rozó el ángulo, y después una falla imperdonable de Juan Pablo Vargas dentro del área, solo y con el arco de frente. Era el tipo de inicio que prometía un buen partido. Pero no fue así.

El equipo poblano cayó en su vieja enfermedad: la ineficacia. Édgar Guerra tuvo un mano a mano que desperdició por dudar; Luis Gabriel Rey probó desde fuera sin dirección; Navarro y otra vez Guerra dejaron escapar remates francos. El Puebla llegaba, sí, pero sin contundencia, sin determinación y sin idea.

El Santos Laguna, limitado pero ordenado, entendió el contexto mejor que su rival. Avisó un par de veces con Lucas Di Yorio y, sin necesidad de dominar, encontró lo que el Puebla no: precisión y contundencia.

El golpe llegó como suelen llegar los golpes a este equipo: en transición y sin respuesta. Ezequiel Bullaude apareció dentro del área para definir con comodidad tras un contragolpe y poner el 1-0. Bastó eso para desnudar a la Franja.

Lo que siguió fue todavía peor. En medio de la desesperación, Édgar Guerra terminó expulsado al salir de cambio tras un empujón al cuarto árbitro, un acto tan innecesario como irresponsable.

El Puebla no sólo ya perdía con el colero: ahora también jugaba con uno menos y sin cabeza.

Habrá que esperar lo que se reporta en la cédula, porque si el cuerpo arbitral reporta agresión, Guerra podría irse un buen rato a la congeladora.

Santos aprovechó el desorden. Aldo López firmó el segundo tanto con facilidad, ante una defensa descompuesta, pasiva, resignada.

El último lugar estaba superando con claridad a un Puebla que, en teoría, debía imponer condiciones.

El descuento de Owen González, ya en el tramo final, sólo maquilló un resultado que nunca dejó de ser vergonzoso. Porque ni los intentos desesperados en el agregado, ni los centros al área envueltos con moño para Acevedo, ni los disparos sin dirección cambiaron la sensación: el Puebla nunca tuvo control real del partido.

Un equipo sin rumbo

El silbatazo final confirmó algo más profundo que una derrota: evidenció a un equipo frágil, que no sabe manejar los partidos con el estatus de favorito y que se desmorona ante la primera adversidad.

Perder siempre duele, pero hacerlo contra el último lugar y de esta manera expone carencias que van más allá de lo futbolístico. Falta carácter, sobra ansiedad y la toma de decisiones es constantemente errática.

El Puebla tuvo el partido en las manos desde el inicio y lo dejó ir hasta convertirlo en un papelón. Una noche que no sólo suma otra derrota, sino que deja una pregunta incómoda en el aire: ¿qué tan más bajo puede caer este equipo?

A ello se suma un problema estructural que ya no puede disimularse. Este Puebla es un equipo que no sabe cerrar jugadas ni partidos. Genera volumen ofensivo, pero sin claridad; pisa el área, pero sin contundencia; intenta reaccionar, pero siempre tarde. Es un conjunto que vive de intenciones, no de soluciones.

La falta de liderazgo también quedó expuesta. Cuando el partido exigía temple, apareció la desesperación. Cuando pedía orden, llegó el caos. Y cuando requería personalidad, el equipo se diluyó

Desde lo táctico, el Puebla volvió a mostrar grietas preocupantes. Cada pérdida de balón se convirtió en una invitación abierta al contragolpe rival. La transición defensiva fue lenta, desarticulada, y Santos —con muy poco— supo castigar justo donde más duele.

El cierre del encuentro fue una postal del torneo poblano: centros sin destino, disparos sin dirección y una sensación constante de impotencia. Ni con nueve minutos de agregado hubo una reacción real. Más empuje que ideas, más ansiedad que futbol.

Y así, lo que comenzó como una oportunidad para recomponer el camino y meterse de lleno en la pelea por un boleto a la fiesta grande, terminó como una de las derrotas más incómodas del campeonato. Porque no fue sólo caer, fue hacerlo contra el peor equipo, en un partido que el Puebla se encargó de perder por sí mismo.

Cero respuestas desde la banca, Espigares como “El curioso caso de Benjamin Button”, cada vez se ve más novato y los cuestionamientos hacia él se van acumulando por su inoperante labor como estratega. Le cuesta mucho componer un encuentro y bien valdría preguntarse si está listo para dirigir a un equipo del máximo circuito.

Los números también le dan la espalda: tres victorias, tres empates y seis derrotas. Otro torneo mediocre, el espejismo de un inicio aceptable se acabó.

Sobre el autor

David Badillo
David Badillo

David Alberto Badillo es un periodista poblano con más de 15 años de experiencia. Conductor de deportes en Puebla TV de 2011 a 2020, narrador de Pericos de Puebla en 2015 y 2016. Fue Director de Comunicación de Borregos Puebla de 2019 a 2023. Actualmente es comentarista en Multimedios Canal 6, columnista en Milenio y reportero en GRADA.