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Reconocen en Tizatlán el legado de las ganaderías tlaxcaltecas

El Instituto Tlaxcalteca de Desarrollo Taurino y la Jurisdicción Tlaxcalteca reconocieron la trayectoria de las 40 ganaderías que forman parte de la historia y presente de la fiesta brava en el estado.

Gerardo
Gerardo Cano

Actualizado: 12 SEP 2026 - 0:02

Reconocen en Tizatlán el legado de las ganaderías tlaxcaltecas
Foto: Ángel Saínos

La historia de Tlaxcala también se escribe entre potreros, tentaderos y divisas. El toro de lidia forma parte de una tradición profundamente ligada al campo y a la cultura de esta tierra, donde varias de las ganaderías más antiguas y reconocidas de México han encontrado durante generaciones las condiciones para preservar la crianza del bravo.

Con esa perspectiva se llevó a cabo en la Capilla Abierta de Tizatlán, antigua sede del Palacio Real Tlaxcalteca, un acto de reconocimiento al legado de las 40 ganaderías que mantienen viva la actividad taurina en el estado. Más que una ceremonia protocolaria, el encuentro puso sobre la mesa el valor histórico de una actividad que ha acompañado durante siglos a la vida rural y cultural tlaxcalteca.

El reconocimiento tuvo como protagonistas a siete ganaderías consideradas históricas y centenarias: Piedras Negras, Rancho Seco, La Laguna, La Trasquila, Atlanga, Zotoluca y Coaxamalucan, casas ganaderas que han dejado una huella profunda en la historia de la tauromaquia nacional y cuya presencia forma parte del patrimonio taurino de Tlaxcala.

Las distinciones fueron entregadas con la presencia de José Miguel Zacapantzi, presidente permanente de la Jurisdicción Tlaxcalteca, y del matador José Luis Angelino, director del Instituto Tlaxcalteca de Desarrollo Taurino, quienes encabezaron este reconocimiento a la labor que durante décadas han realizado las familias dedicadas a la crianza del toro bravo.

Pero el homenaje no se limitó a las ganaderías de mayor antigüedad. Las otras 33 casas ganaderas recibieron el “Galardón a la Tlaxcaltequidad”, como una manera de reconocer su aportación a la conservación del toro de lidia y a la continuidad de una actividad que exige paciencia, conocimiento del campo y una dedicación que se transmite de generación en generación.

Una tradición que nace en el campo

Detrás de cada toro que llega a una plaza existe un largo proceso de selección, crianza y cuidado. La ganadería brava no se reduce a la celebración de una corrida: representa una forma de vida vinculada al campo y a extensiones de tierra donde se conserva una raza que requiere condiciones particulares para su desarrollo.

En Tlaxcala, esa relación ha adquirido una dimensión especial por la permanencia de algunas de las ganaderías más emblemáticas de la fiesta mexicana. Sus nombres están ligados a páginas importantes de la tauromaquia y también a la propia identidad rural del estado.

Por ello, el reconocimiento a las 40 ganaderías representa también una reivindicación del papel que desempeña el campo bravo dentro del patrimonio taurino tlaxcalteca. La permanencia de estas casas ganaderas permite que una tradición centenaria continúe encontrando espacio en las nuevas generaciones y en las plazas donde el toro sigue siendo el eje de la fiesta.

El escenario elegido para la ceremonia reforzó ese vínculo con la historia. La Capilla Abierta de Tizatlán, uno de los espacios de mayor valor histórico de Tlaxcala, recibió a representantes del sector taurino para recordar que la fiesta brava no sólo tiene una dimensión de espectáculo, sino también una profunda raíz cultural y rural.

Al cerrar el encuentro, José Luis Angelino resumió el espíritu del homenaje al señalar: “El orgullo taurino late fuerte en Tlaxcala”.

La frase encontró eco en una jornada dedicada precisamente a reconocer a quienes, desde el campo y detrás de las divisas, han permitido que ese orgullo permanezca vigente.

Sobre el autor

Gerardo Cano
Gerardo Cano

Periodista deportivo poblano con 10 años de experiencia cubriendo diversos fuentes desde nivel universitario hasta profesional.