Este Puebla no va a durar en las mismas manos
Este Club Puebla, así como está, no aguanta para más ni en las mismas manos.
Se percibe como un capítulo antiquísimo del futbol mexicano aquella época en la que un empresario se decidía a comprar una franquicia para ofrecer un espectáculo en su lugar natal. Claro está que en esos tiempos lejanos, aquellos industriales dedicados, entre otros rubros, a la comercialización de productos plásticos, a la venta de automóviles financiados y maquila de balones y ropa deportiva, no se vinculaban al futbol con la visión altruista de generar empleos y un divertimento a los habitantes de su ciudad. La razón principal era —es y será— tener un peso político en su entidad.
Porque —se sabe bien— a un dueño de un equipo de futbol de Primera División se le abren muchas puertas que bien pueden impactar de mejor manera a sus principales negocios, estos ajenos a lo que ocurre en la cancha.
Pero sucedió que, hace más o menos una década, el futbol mexicano empezó a encarecerse por una inflación que no ha desacelerado y cuya resultante es, entre otras cosas, la imposibilidad de que un empresario local —no dueño de un gran conglomerado, beneficiario de un fondo —real— de inversión, cotizante en bolsa o dominador en la industria de medios de comunicación, adquiera, ni con muchísimo esfuerzo, un club de futbol en la máxima categoría.
Los gastos de operación, los sueldos —los reales y también los que se hallan en los dobles contratos—, las pérdidas con los fichajes de jugadores que no funcionan y que luego se traspasan, así como la recurrente dolarización de los costos que tiene un club, hacen que, a excepción de una empresa de élite, nadie, en México, pueda ingresar al selecto grupo de los “dueños del balón”.
Y es precisamente esta situación la que en su momento propició la venta del Puebla a un gran consorcio, uno de televisión, cuyo objetivo no fue precisamente hacer negocio con el futbol sino, de manera indirecta, lucrar a partir de él, haciendo de los partidos una opción en su programación.
Imposible continuar así
¿Cuándo? No lo sé.
Sin embargo, las condiciones están dadas para que el Puebla cambie de propietarios. No creo que sean empresarios poblanos, porque, que quede claro, no hay en el estado cartera con los billetes suficientes para ser derrochados. La venta del club no será a empresarios medianos; ellos saben que el futbol no necesariamente es negocio y, si lo es, es uno de mucho riesgo, uno que puede quebrarlos en dos o tres años.
Hace unos días, en un programa de Jorge Ramos, José Luis Sánchez Solá comentó que un cambio no demoraba por presentarse en Puebla. Chelís no dio detalles, sin embargo, parece que sabe algo que muchos desconocemos en lo que respecta a detalles finos.
No hay casualidades
El deporte profesional tiene un peso político. Y, si bien es cierto que en el deporte puede haber casualidades, en la política, no.
Ayer, como ya es conocido, en la conferencia presidencial, se expuso un tema delicado respecto al manejo del club Puebla. Se habló de un esquema que, si bien no se tenía documentado con la precisión que expuso un periodista reconocido por destapar otros temas turbios del futbol nacional, era, al menos a nivel local, un secreto a voces.
¿Por qué tocar este tema ahora? No parece ser una casualidad.
Quizá es un adelanto: este Puebla, así como está, no aguanta para más ni en las mismas manos.