Un final celeste
De las últimas temporadas hechas por los jugadores del Cruz Azul, ésta, con la contratación de Nicolás Larcamón parecía ser la apuesta perfecta para lograr el ansiado y obtenido título. Pero no contaban con la astucia de los dirigentes, dignos siempre, del fútbol mexicano en cuanto a contrataciones y movimientos administrativos se refiere.
De las últimas temporadas hechas por los jugadores del Cruz Azul, ésta, con la contratación de Nicolás Larcamón parecía ser la apuesta perfecta para lograr el ansiado y obtenido título. Pero no contaban con la astucia de los dirigentes, dignos siempre, del fútbol mexicano en cuanto a contrataciones y movimientos administrativos se refiere.
Después de un arranque contundente y que permitía a los cementerios soñar con la décima, el equipo cayó en un bajón habitual en Liga Mx antes de arrancar la liguilla, situación que generó ansiedad en los directivos y lo que parecía una decisión más para reventar el porvenir inmediato del cuadro azul, permitió con muy poquito lograr el título.
Llegó al mando Joel Huiqui, quien con nula experiencia y apenas 7 juegos después salió Campeón del fútbol mexicano. Si bien el trabajo estructurado siempre da resultados, en este equipo el resultado del campeonato obtenido viene de manos del argentino removido del puesto. La diferencia entre planteamientos y movimientos en partidos del estratega sudamericano y el novato mexicano se notó, sin embargo, como siempre "los resultados mandan" y el título obtenido dará seguramente un año más de Joel al mando del cuadro azul.
Pero analicemos un poco lo sucedido en el torneo y la liguilla, justamente en el encuentro contra Pumas de temporada regular fue donde Cruz Azul comenzó su seguidilla de empates y un par de derrotas que provocaron la salida de Nicolás y la llegada de Huiqui. Jugando la liguilla actual, al único equipo que le pasó por encima fue al Atlas que endeblemente calificó a una liguilla donde sus probabilidades de avanzar eran raquíticas. En semifinales lo que se esperaba un duelo de otrora gigantes terminó siendo un par de juegos de media temporada que permitió que un mal tiro y un rebote con mucho efecto le diera el pase a los conejos sobre las chivas, una jóvenes chivas qué mostraron que hay jóvenes disponibles para el futuro de México pero también demostraron que les falta un buen camino para consolidarse y pasar de promesas a realidades. Llegan a la final y les toca enfrentar a unos Pumas, que si bien fueron líderes al final del torneo, y su camino fue consistente durante la competencia en la parte final se vieron endebles y hasta cierto punto frágiles. El empate a 6 con América los dejó más nerviosos que confiados y así fueron a buscar un empate contra Pachuca, quien había echado a Toluca y luego le costó trabajo, inexplicablemente, anotar contra Keylor y su defensa que permitía que todo pasara. Aún así, los hidalguenses no pudieron anotar un gol más que los llevaría a la final.
El primer partido de la final fue tedioso y aburrido, ambos equipos especulando demasiado y la propuesta felina timorata y ratonera esperando, pareciera, desde el primer minuto los penales. Cruz Azul no desentonó con el tipo de partido y sus mejores jugadores tampoco aprovechaban el nervio puma. En dos partidos de más errores que aciertos se encontraron los de la Universidad un gol que parecía sepultaría las esperanzas celestes y permitiría a los rivales una final cómoda pero quedaba demasiado tiempo. Y como suele suceder en el fútbol, cuando te amarras a aguantar un marcador sin posesión ni idea, terminas echando a perder las cosas. Cayó el empate y en un momento único para quien en el pasado había sido el señalado de las derrotas en las finales pudo convertirse por fin en el héroe. Rotondi dejó de ser el culpable de los fracasos azules y ahora era el héroe, corrió para festejar dentro de la cancha pero con todo lo que venía cargando bien pudo salirse y buscar Reforma para continuar su carrera de celebración.
En una liguilla bastante sobria, el equipo de la Noria, logró su décimo título bajo la dirección técnica de un entrenador mexicano joven que por el bien del fútbol nacional es necesario tenga idea y coherencia, no así como su rival qué antes de ganar algo ya echaba campanas al vuelo.
Enhorabuena para los fanáticos del equipo azul. Hicieron lo que debían para conseguir la número 10.
Y recuerden, la pelota siempre al 10.