Selección Mexicana, un curita para el país
La impensable participación del Tricolor en la primera ronda de la Copa del Mundo 2026 ha generado una alegría desbordada en todo el país regalando momentos memorables con festejos de todo tipo y recordando que la gente puede olvidarse de todos los males, aunque sea un instante.
“El fútbol es la cosa más importante de las menos importantes”.
-Billy Shankly
La Copa del Mundo tiene una magia única que cada cuatro años hace que aficionados, críticos, intelectuales, políticos y sociedad en general estén pendientes de lo que suceda con la Selección Mexicana que independiente de sus resultados o cómo llegué a la justa, siempre existe un halo de ilusión.
Las altas expectativas que genera el Tricolor cada cuatro años siempre son objeto de estudio porque muchas de las veces es difícil comprender cómo hay aficionados (y otros no tanto) que siguen al Tricolor hasta el fin del mundo, no por nada la propia Federación Mexicana de Fútbol (FMF) bautizó a los fanáticos aztecas como “Incondicionales”.
La llegada del Mundial 2026 a nuestro país estuvo plagada de críticas por los pocos partidos, la falta de infraestructura, la pérdida de tiempo en las múltiples obras, las cientos de manifestaciones previas, los elevados costos de los boletos, la excesiva presencia de influencers, la atención de las autoridades, por mencionar unas cuantas cosas que pronosticaban el caos desde el 11 de junio.
El aceptable debut ante Sudáfrica, la sufrida victoria frente Corea del Sur y el contundente triunfo contra República Checa hicieron vibrar a millones de mexicanos que ni en los sueños más guajiros pudieron pensar que alguna vez el Tricolor ganaría sus tres partidos de la fase de grupos superando sus mejores actuaciones en casa.
En cada uno de los partidos, la emoción se desbordó en los puntos masivos de reunión donde se dejaron atrás ideas políticas, religión, clase social y cualquier cosa que nos hiciera diferentes. El sonoro grito de gol nos recordó por instantes que pese a tantas cosas que se viven diariamente, también se tiene la oportunidad y sobre todo, el derecho a estar felices aunque sea por un momento.
La marca histórica ha marcado un antes y un después en el que incrédulos y creyentes del Tricolor ven con buenos ojos lo realizado por Javier Aguirre, números que han elevado la alegría de tal manera que los festejos han estado a tope con resultados de todo tipo, lo que habla de una emoción pocas veces vista en nuestro país.
El vínculo que tiene la Selección Mexicana con la población es tan estrecha como única, porque habitualmente en el proceso previo existen cientos de críticas por el funcionamiento, las decisiones de los directivos y hasta algunas expresiones de los propios futbolistas, sin embargo, cuando se habla en la cancha, todo lo demás se va a una sección secundaria.
A estas alturas, cualquier mexicano sabe de antemano que el Mundial acabará en tres semanas, que la vida volverá a su normalidad con muchos de los problemas que se viven diariamente y son extremadamente conocidos, pero mientras eso pasa, esta pequeña pausa de ilusión permite tener un poco de sentimiento humano, ese que se pierde constantemente entre tantas malarias.
Yo no sé si habrá quinto, sexto o séptimo partido; que sí la primera estrella ya duerme en el Palacio de Bellas Artes, pero lo que sí me queda claro es que de aquí al próximo 30 de junio, la ilusión de más de 140 millones de mexicanos tiene motivos para creer que en la Copa del Mundo 2026 se pueda trascender.