Hueyotlipan abre feria con dos orejas de Palomo
La primera corrida de la Feria en honor a Santo Tomás Apóstol dejó plaza llena, toros con presencia de Piedras Negras y un cierre en alto con Sebastián Palomo Macías y el ganadero Marco Antonio González llevados en volandas.
En tarde templada y con la portátil “La Giralda” a reventar, Santo Tomás Hueyotlipan vivió un festejo de claros matices: emoción, momentos de calidad y una respuesta franca del público ante el juego desigual del encierro.
La Feria en honor a Santo Tomás Apóstol abrió su capítulo taurino con una postal clásica: plaza portátil llena, clima amable y una afición dispuesta a acompañar cada lance.
“La Giralda” se convirtió en punto de reunión para una tarde que, sin ser redonda, sí dejó argumentos y nombres propios.
Se lidiaron cuatro toros de Piedras Negras, bien presentados, serios por delante y con comportamientos distintos. El primero y el tercero fueron reconocidos con palmas en el arrastre por su entrega; el cuarto, por su parte, mereció la vuelta al ruedo, reconocimiento al empuje y a la transmisión que alcanzó en el último tramo del festejo.
Manuel Juárez “El Poeta” abrió plaza con una actuación de temple y búsqueda. En su primero, dejó detalles de su concepto, hilvanando muletazos con trazo largo y serenidad, aunque la espada se resistió: ovación tras aviso.
En el segundo de su lote, volvió a insistir, apretó en cercanías y conectó con el tendido; el premio fue una oreja, con fuerte petición de la segunda, que dejó constancia del pulso que logró sostener con el público.
Llegó el triunfo
Sebastián Palomo Macías fue creciendo conforme avanzó la tarde. En su primero, saludó una ovación desde el tercio tras una faena que tuvo pasajes de mando y limpieza.
Con el que cerró plaza, Palomo se mostró más asentado: entendió el ritmo del toro, lo llevó por donde quiso y remató con una estocada que puso de pie a la plaza. Dos orejas que sellaron una actuación de peso y que marcaron el tono del cierre.
El broche llegó con la salida a hombros de Sebastián Palomo Macías y del ganadero de Piedras Negras, Marco Antonio González, gesto que subrayó la comunión entre torero, ganadería y afición en el arranque de las festividades.
Más allá de los trofeos, la tarde dejó una lectura clara: Hueyotlipan mantiene viva su tradición, responde cuando hay entrega en el ruedo y se trata del último reducto de la Puebla taurina.
La feria apenas comienza, y el listón quedó puesto en una altura que invita a volver, a mirar de frente al toro y a entender que, en estos pueblos, la tauromaquia sigue siendo rito, encuentro y memoria compartida.