Huamantla volvió a vivir una noche de luces con lleno absoluto en La Taurina
La tradicional Corrida de las Luces volvió a congregar a miles de aficionados en una plaza de toros La Taurina completamente llena, en una noche donde la fe, el arte y la tauromaquia se fundieron bajo la luz de miles de candelas.
Huamantla volvió a vivir una de sus noches más especiales del calendario taurino con la tradicional Corrida de las Luces, un festejo que, una vez más, confirmó su capacidad para reunir a miles de aficionados en torno a una celebración que trasciende lo estrictamente taurino.
La plaza de toros La Taurina registró otro lleno absoluto, luego de que desde días anteriores se anunciara que las entradas estaban agotadas. La respuesta de la afición volvió a dejar claro el arraigo de esta fecha dentro de la Feria de Huamantla, en una noche donde las tradiciones del pueblo se mezclaron con el ambiente propio de una corrida de toros.
La fe ilumina el ruedo
Antes del paseíllo se llevó a cabo la tradicional Procesión en el ruedo con la Virgen de la Caridad, uno de los momentos más emotivos y representativos de la Corrida de las Luces.
La ceremonia tuvo como escenario un hermoso tapete que adornó el ruedo, mientras la obra artística de la maestra Gabriela Ferrer lucía sobre las tablas y los burladeros, creando un marco especial para el paso de la imagen.
Los toreros y las autoridades religiosas acompañaron la procesión en una escena que adquirió todavía mayor solemnidad con la magistral interpretación del Ave María.
La Plaza de Toros La Taurina permaneció iluminada solamente por miles de candelas, generando una atmósfera única en la que la devoción, el arte y la tradición se encontraron antes de que comenzara la actividad taurina.
Fue un momento extraordinario, cargado de espiritualidad y solemnidad, pero también de la entrega que caracteriza a Huamantla en sus celebraciones más representativas. La imagen de la Virgen de la Caridad recorriendo el ruedo, rodeada por las luces y por los asistentes, volvió a ofrecer una de las estampas más particulares de la feria.
Concluida la procesión, llegó el momento del paseíllo y con él la expectativa por el comportamiento de los seis toros de Atlanga.
Irreprochable presencia
El encierro de Atlanga destacó por la irreprochable presencia de sus ejemplares, aunque el juego resultó desigual a lo largo de la corrida.
Dentro del conjunto destacó especialmente el segundo toro, que ofreció mayores posibilidades y permitió que la lidia tuviera momentos de interés.
El resto de los astados presentó distintas condiciones, por lo que los matadores tuvieron que emplearse a fondo para encontrar las opciones que cada uno de sus enemigos ofrecía.
La corrida también tuvo un detalle especial con la reaparición en la plaza del ganadero Emilio Rodríguez, quien después de muchas semanas volvió a La Taurina para presenciar el festejo.
Precisamente el primer toro de la noche fue objeto de un brindis especial por parte de Uriel Moreno “El Zapata”, quien tuvo el gesto de ofrecerle la faena al ganadero.
“El Zapata”, entre palmas y silencio
Uriel Moreno “El Zapata” abrió plaza con disposición ante un ejemplar de Atlanga que le exigió encontrar la manera de construir su faena.
El matador puso de manifiesto su experiencia y entrega, buscando aprovechar las condiciones de su primer enemigo y conectar con los tendidos. Después de su actuación escuchó palmas tras aviso.
En su segundo turno, “El Zapata” volvió a mostrar disposición ante un toro que no terminó por ofrecer las condiciones necesarias para que la faena alcanzara mayores alturas.
El público guardó silencio al término de su actuación, cerrando así una tarde-noche en la que el torero tlaxcalteca dejó patente su voluntad de triunfo.
Gutiérrez encuentra el premio
Héctor Gutiérrez fue quien consiguió el mayor reconocimiento de la terna al cortar la única oreja de la corrida.
Ante su primero encontró las condiciones para desarrollar una faena de mayor importancia y consiguió conectar con el público de La Taurina. Su actuación fue reconocida por los aficionados y terminó con el corte de una oreja.
El matador volvió a salir con disposición frente a su segundo enemigo, aunque las condiciones del astado fueron diferentes y la faena no logró alcanzar el mismo nivel de su primera intervención.
Tras su actuación escuchó palmas después del aviso, completando una jornada en la que terminó como el único torero que consiguió llevarse un trofeo.
San Román, sin recompensa
Diego San Román tuvo que enfrentarse a dos ejemplares que tampoco terminaron por facilitarle la labor.
El torero buscó desarrollar sus faenas y permaneció firme ante sus enemigos, pero las condiciones del lote hicieron complicada la posibilidad de redondear actuaciones de mayor calado.
En ambos turnos escuchó silencio tras aviso, por lo que terminó la corrida sin trofeos.
Una noche de liturgia
La Corrida de las Luces volvió a mostrar por qué ocupa un sitio especial dentro de la Feria de Huamantla.
El lleno absoluto en La Taurina, anunciado desde días antes con las localidades agotadas, reflejó la expectativa que genera este festejo entre los aficionados, pero la verdadera particularidad de la noche apareció incluso antes de que los toros saltaran al ruedo.
La procesión de la Virgen de la Caridad, el tapete que vistió la arena, la obra de Gabriela Ferrer sobre las tablas y los burladeros, la presencia de los toreros y las autoridades religiosas, así como el Ave María y las miles de candelas iluminando la plaza, construyeron una atmósfera difícil de encontrar en cualquier otro escenario taurino.
Después llegaron los toros de Atlanga, con una presencia que estuvo a la altura de la ocasión y un comportamiento desigual que tuvo en el segundo ejemplar al elemento más destacado del encierro.
En el balance taurino, Héctor Gutiérrez fue el único en tocar pelo al cortar una oreja. Uriel Moreno “El Zapata” obtuvo palmas tras aviso en su primero y silencio en el segundo, mientras Diego San Román escuchó silencio tras aviso en sus dos intervenciones.
La noche, sin embargo, quedó marcada por algo que va más allá del resultado de la corrida. Huamantla volvió a reunir en un mismo escenario su devoción, su arte, sus tradiciones y su afición taurina.
Bajo miles de candelas y con La Taurina completamente llena, la Corrida de las Luces volvió a convertirse en una celebración que solamente Huamantla puede ofrecer con esa intensidad, solemnidad y entrega.