Con escasas opciones, Bruno Aloi confirmó alternativa en Madrid
El torero mexicano confirmó su alternativa en la tradicional Corrida de la Prensa de San Isidro 2026, pero se topó con el lote menos propicio de la notable corrida de Juan Pedro Domecq. Diego Urdiales conquistó Madrid con una obra clásica que le abrió la Puerta Grande, mientras Roca Rey paseó una oreja.
La Monumental de Las Ventas vivió una de esas tardes que terminan envueltas en el aroma del toreo antiguo. La Corrida de la Prensa de la Feria de San Isidro 2026 terminó convertida en un homenaje al clasicismo de Diego Urdiales, quien a sus 50 años abrió por segunda vez la Puerta Grande madrileña, pero también significó la fecha marcada en la carrera del mexicano Bruno Aloi, que confirmó su alternativa en el ruedo más exigente del planeta.
No era una tarde cualquiera para el joven capitalino. La confirmación en Madrid suele ser un parteaguas, una ceremonia de fuego en la que el torero queda expuesto ante la plaza más severa del mundo.
Y aunque el resultado artístico no alcanzó dimensiones mayores, Aloi dejó constancia de serenidad, disposición y una firmeza que no se quebró aún cuando el sorteo le entregó el lote de menores posibilidades dentro de la notable corrida enviada por Juan Pedro Domecq.
La expectativa de la tarde giraba alrededor del regreso de Andrés Roca Rey y de la presencia del Rey Felipe VI en el palco, pero conforme avanzó el fetejo, el protagonismo terminó recayendo en la madura torería de Urdiales.
Mientras tanto, Aloi intentó abrirse paso entre un contexto complicado y una plaza entregada ya a la emoción de la posible Puerta Grande del riojano.
La confirmación de Bruno Aloi
Vestido de blanco y oro, Bruno Aloi recibió el toro de la ceremonia de confirmación en los albores de la tarde. El ejemplar de Juan Pedro Domecq mostró movilidad, aunque sin claridad ni ritmo fijo en sus embestidas, obligando al mexicano a plantear una lidia de oficio más que de lucimiento.
Aloi intentó someter el nervio del burel con paciencia y colocación. Hubo voluntad para quedarse quieto y para buscar la línea correcta, aun cuando el toro se desplazaba con brusquedad y sin terminar de entregarse. La labor tuvo más mérito que eco, pues el público madrileño observó con frialdad una faena que nunca terminó de tomar vuelo.
Con la espada tampoco llegaron facilidades. Entre pinchazos y una estocada final, el silencio acompañó la conclusión de una actuación en la que el mexicano dejó sobre todo actitud y responsabilidad ante una fecha que quedará inscrita en su trayectoria.
El sexto tampoco ofreció demasiado margen. Más desentendido y reservón, el cierre de lote obligó nuevamente a Aloi a pelear cada embestida. El mexicano insistió con firmeza, tratando de encontrar continuidad en un toro que cortaba el viaje y terminaba por descomponer cualquier intento de ligazón.
La plaza ya vivía inmersa en la euforia por Urdiales y la noche comenzaba a caer sobre Las Ventas. En ese escenario, Aloi cerró su presentación con dignidad, sin poder redondear artísticamente una confirmación que, más allá del resultado inmediato, representa un paso importante en su proceso dentro del toreo internacional.
Urdiales conquista Madrid
Si Bruno Aloi enfrentó la cara áspera del sorteo, Diego Urdiales encontró la dimensión soñada del toreo clásico. El riojano cuajó una tarde monumental desde el capote, especialmente con el extraordinario cuarto toro, “Mapaná”, al que toreó a la verónica con lentitud y temple de otra época.
Madrid se rindió a esos lances eternos, profundos, cargados de cadencia y verdad. Cada verónica parecía suspendida en el aire de la plaza. Después, con la muleta, Urdiales construyó faenas llenas de naturalidad y pureza que terminaron por abrirle la ansiada Puerta Grande.
Una oreja de cada toro y dos estocadas de enorme categoría sellaron la salida a hombros del veterano torero de Arnedo, protagonista absoluto de la Corrida de la Prensa.
Roca Rey corta una oreja
Por su parte, Roca Rey dejó una actuación de entrega y firmeza que encontró premio en el quinto de la tarde. El peruano construyó una labor intensa y de exposición ante otro ejemplar importante de Juan Pedro Domecq, aunque un pinchazo previo a la estocada redujo el botín a una sola oreja.
El limeño mostró actitud durante toda la función, especialmente en los quites y en los momentos de mayor exigencia física, pero el peso artístico de la tarde terminó recayendo sobre la dimensión clásica de Urdiales.