Pericos se desmoronan y agravan crisis en casa
La Parvada Verde dejó escapar ventajas en el Hermanos Serdán, volvió a exhibir fallas en pitcheo y defensa y cayó en los dos juegos de la doble cartelera ante Conspiradores. El arranque de 1-5 ya enciende focos rojos en Puebla.
Los tropiezos ya no son aislados: empiezan a formar patrón. Los Pericos de Puebla firmaron una doble derrota en casa —en juegos programados a siete entradas, aunque el segundo se extendió— y con ello profundizaron un inicio de campaña preocupante, marcado por la inconsistencia y los errores en momentos clave.
En el primer duelo, con Querétaro atacando primero, el desarrollo mostró desde temprano la fragilidad poblana. Si bien el Puebla logró tomar ventaja en la tercera entrada con un arranque oportuno —triple de Herlis Rodríguez y producción encadenada—, la respuesta visitante no tardó en exhibir las grietas.
El pitcheo verde no sostuvo
Conspiradores explotó la cuarta entrada con un rally de cinco carreras que cambió por completo la narrativa del juego. A partir de ahí, el control se esfumó.
El abridor Vladimir Gutiérrez cargó con el revés, pero el problema fue más profundo: descontrol en los relevos, contacto sólido del rival y una defensa que tampoco ayudó a contener el daño.
El golpe definitivo llegó en la sexta alta, cuando los visitantes volvieron a castigar con poder. Los cuadrangulares de Yangervis Solarte y Alen Hanson ampliaron la distancia y terminaron por romper cualquier intento de reacción.
El Puebla, obligado a remar contracorriente, volvió a mostrar una tendencia que empieza a ser preocupante: produce cuando el juego ya está prácticamente definido.
El intento de regreso en la séptima baja —con embasados, boletos y batazos oportunos— maquilló el marcador, pero también dejó claro que el equipo tiene capacidad ofensiva… aunque desfasada respecto a su pitcheo.
Si el primer juego evidenció fragilidad en la loma, el segundo confirmó que el problema es estructural. Nuevamente con Querétaro marcando el ritmo desde la caja de bateo, los Pericos lograron responder y, por momentos, parecían tener el control.
El jonrón de Danny Ortiz en la segunda entrada encendió a la novena poblana y abrió paso a un rally que les permitió tomar ventaja. Más adelante, con producción de Luis Castro, Cristhian Adames y Lorenzo Cedrola, el Puebla llegó a colocarse arriba 7-5, en una muestra de que el lineup sí tiene con qué competir.
Pero otra vez, el pitcheo no acompañó
Conspiradores empató el juego aprovechando bases por bolas, descontrol y batazos oportunos. El empate a siete carreras tras siete entradas —en un juego originalmente pactado a esa distancia— obligó a extras, donde la historia volvió a inclinarse en contra de los locales.
En el noveno inning, Querétaro encontró la carrera de la diferencia ante un relevo que no logró cerrar la puerta. Puebla, por su parte, dejó hombres en base y se quedó corto en su última oportunidad, consumando una derrota que duele más por la forma que la pizarra misma.
El guión se repitió con precisión incómoda: ofensiva que responde por lapsos, pero un cuerpo de lanzadores incapaz de sostener ventajas y una defensa que concede en momentos críticos. Así, cualquier reacción termina diluyéndose.
La crisis toma forma
Más allá de los resultados, lo que inquieta es la tendencia. En seis juegos, los Pericos han permitido rallies largos, han sufrido con el relevo y han cometido errores que cambian partidos.
No es un accidente: es un patrón que empieza a definir el arranque de temporada. La Parvada Verde batea, sí, pero lo hace sin sincronía con su pitcheo. Y en el beisbol, esa desconexión se paga caro.
El 1-5 no solo pesa en la tabla: refleja a un equipo que aún no encuentra equilibrio ni respuestas en el diamante.
El calendario apenas comienza, pero la urgencia ya se instaló en el dugout poblano. Porque perder puede ser circunstancial… repetir la misma forma de perder, no.