Miguel Ángel Hernández: “El VAR no escucha transmisiones de TV”
El ex árbitro internacional mundialista poblano desmintió versiones sobre el funcionamiento del VAR y alertó que la inseguridad en ligas amateurs está frenando la formación de nuevos silbantes en el estado.
El ex árbitro internacional poblano, Miguel Ángel Hernández Paredes, visitó el estudio de Cadena IN para conversar con el equipo del programa radiofónico “Desde La GRADA”.
El dos veces mundialista habló sobre su deseo de ver a más silbantes poblanos en el ámbito internacional, los obstáculos que enfrentan en materia de seguridad y desmintió categóricamente las declaraciones del hoy analista Fernando Guerrero, quien aseguró que desde el VAR se monitorean las transmisiones televisivas.
Con la experiencia que le dio su trayectoria en escenarios de alta exigencia, Hernández sostuvo que el arbitraje necesita claridad y transparencia, pero también información correcta para evitar que se generen sospechas innecesarias.
“Cuando se dicen cosas sin sustento se alimenta la desconfianza. Y el arbitraje ya vive bajo una lupa permanente”.
En días recientes, Fernando Guerrero, conocido como “El Cantante”, afirmó durante una transmisión nacional que en la cabina del VAR tenían acceso a lo que se decía en televisión. Hernández fue contundente al desmentir esa versión.
“A cada quien le asiste el derecho de opinar, pero eso no lo vuelve verdad. Lo que se dijo es falso. Es falso que el VAR monitoree las transmisiones”.
Explicó que los árbitros ya enfrentan suficiente presión con la toma de decisiones en fracciones de segundo como para agregar un elemento externo que comprometería la imparcialidad.
“Los árbitros deben proyectar equidad y justicia. Imagínense si además tomaran como referencia lo que dicen los comentaristas. Eso rompería cualquier principio de neutralidad”.
El ex silbante detalló que el origen del rumor provino de una confusión en un partido donde el cuerpo arbitral utilizó una calculadora para llevar el control del tiempo perdido.
“Ellos deben llevar un conteo exacto del tiempo que se pierde. Sacaron una calculadora y se interpretó que era un celular. De ahí nació un mito. Hoy incluso llevan apuntes manuales para evitar cualquier suspicacia”.
Recalcó que el llamado “tiempo efectivo” es parte de los controles internos del equipo arbitral y no depende de opiniones externas ni de narrativas mediáticas.
La violencia, el mayor freno para nuevos árbitros
Más allá del debate tecnológico, Hernández puso el foco en un problema estructural: la violencia que enfrentan los árbitros desde el futbol amateur.
“Como sociedad no respetamos al árbitro. Hay jóvenes con mucho potencial que comienzan en el arbitraje amateur y son agredidos, espantados. Ahí los perdemos”.
Subrayó que muchos de estos jóvenes son deportistas que buscan una carrera profesional dentro del futbol, pero encuentran un entorno adverso que los desmotiva.
“No se ha entendido que estos chicos también persiguen un sueño. Pero muchas veces son coartados por personas que ni siquiera conocen bien las reglas del juego y reaccionan con violencia”.
Hernández señaló que en distintas regiones de Puebla se viven episodios que van desde agresiones verbales hasta situaciones que podrían escalar a consecuencias legales, pero que rara vez se denuncian por miedo.
“Se ven cosas muy duras que no siempre salen a la luz. Eso inhibe el crecimiento. Si no garantizamos seguridad en las ligas formativas, difícilmente volveremos a tener árbitros poblanos en escenarios internacionales”.
El ex mundialista insistió en que el arbitraje no sólo requiere capacitación técnica, sino respaldo institucional y social. Consideró que federaciones, ligas y autoridades deben asumir un papel más activo para proteger a los silbantes desde sus primeros pasos.
“Si queremos que Puebla vuelva a tener representación en lo más alto, primero debemos cuidar a nuestros jóvenes árbitros. El talento existe; lo que falta es entorno y respeto”.
Así, Hernández dejó claro que el verdadero desafío no está en teorías sobre el VAR, sino en reconstruir una cultura de respeto hacia quienes imparten justicia dentro de la cancha.