Para la final, Cruz Azul se debate entre Puebla o la Ciudad de los Deportes
La Máquina analiza jugar la final en Puebla o regresar al Ciudad de los Deportes, un escenario que ni siquiera tendría autorización reglamentaria y que, además, arrastra una larga lista de frustraciones para sus anfitriones.
La historia moderna del Cruz Azul parece escrita bajo una constante contradicción: un club grande, con afición multitudinaria, presupuesto competitivo y aspiraciones de protagonismo pero sin estadio propio.
Y ahora, a las puertas de una final, la directiva cementera vuelve a enfrentarse al mismo fantasma de siempre: decidir dónde jugar el partido más importante del torneo.
El dilema no es menor. Sobre la mesa aparecen dos opciones: mantenerse en el Estadio Cuauhtémoc en Puebla, registrado previamente como sede alterna, o intentar volver al estadio Ciudad de los Deportes, inmueble donde La Máquina disputó muchos años sus encuentros como local. El problema es que el reglamento parece mucho más claro que la propia dirigencia celeste.
Mientras el club registró oficialmente al Cuauhtémoc como cancha alterna para este tipo de eventualidades, ahora surgen voces dentro de la cooperativa que buscan mover nuevamente la sede para instalar la final en la capital del país.
Un intento tardío que huele más a improvisación que a planeación, algo que ha perseguido al Cruz Azul desde hace años fuera de la cancha.
El problema para el conjunto celeste no se reduce a lo administrativo sino que rebasa ya lo simbólico. Y es que resulta inevitable la ironía de ver al Cruz Azul intentando aferrarse al Ciudad de los Deportes, un estadio que en realidad nunca terminó de sentirse suyo.
Un inmueble pintado de azulcrema, con la identidad visual del América todavía impregnada en sus tribunas, pasillos y palcos, como si el equipo cementero jugara de prestado incluso en una final.
Algo que ha dejado claro la última década es que Cruz Azul vive como nómada del futbol mexicano: del Azul al Azteca, del Azteca al Ciudad de los Deportes y luego hacia Puebla como solución emergente. La Máquina se acostumbró a rentar casas ajenas mientras otras instituciones construyen identidad alrededor de sus propios estadios.
El peso de la “maldición”
Por si el debate deportivo y reglamentario no fuera suficiente, aparece además el componente casi esotérico que rodea al Ciudad de los Deportes.
Ningún equipo de Primera División se ha coronado como local en ese inmueble desde la era profesional moderna, un dato que en el futbol mexicano alimenta supersticiones y narrativas inevitables.
La sombra pesa todavía más tratándose del Cruz Azul, una institución históricamente perseguida por finales perdidas, dramatismos y episodios inexplicables. Apostar por un estadio marcado por esa estadística parece una provocación al destino, especialmente cuando del otro lado aparece Puebla con un Cuauhtémoc que incluso fue casa del Cruz Azul en uno de sus títulos: el tercer encuentro de la final ante el León en la temporada 72-73.
En la Angelópolis, la logística pareciera ser mucho más ordenada. El Estadio Cuauhtémoc ya fue contemplado previamente, tiene operatividad aprobada y evitaría la sensación de improvisación de último minuto. Pero en la capital pesa la idea romántica —o caprichosa— de cerrar el torneo “en casa”, aunque esa casa nunca haya sido realmente propia.
La discusión expone nuevamente la falta de proyecto patrimonial de una de las instituciones históricas del futbol mexicano. Un equipo llamado “La Máquina”, símbolo de solidez industrial durante décadas y propiedad de una de las empresas cementeras más grandes del mundo, hoy parece avanzar entre préstamos y urgencias, siempre como arrimado
La Máquina apagó la fiesta rojiblanca
En la cancha, con goles de Jeremy Márquez y Agustín Palavecino, el Cruz Azul derrotó 2-1 a las Chivas Rayadas en el Estadio Jalisco y se convirtió en el primer finalista del Clausura 2026. El cuadro celeste volvió a exhibir su dominio reciente sobre el Guadalajara y ahora buscará la ansiada décima estrella.
El Cruz Azul apareció en el Estadio Jalisco con personalidad, oficio y pegada para terminar con el sueño de las Chivas. En una semifinal intensa y de alto ritmo, La Máquina se impuso 2-1 al Rebaño Sagrado para instalarse en la gran final del Clausura 2026.
El arranque fue explosivo. Apenas al minuto 4’, Jeremy Márquez sorprendió con un disparo de larga distancia que dejó sin oportunidad a Óscar Whalley y silenció momentáneamente a la afición rojiblanca. Sin embargo, la reacción de las Chivas fue inmediata y apenas dos minutos después Omar Govea igualó el encuentro con otro remate desde fuera del área.
Con el empate, el duelo tomó tintes dramáticos. El Cruz Azul asumió nuevamente el control de la pelota y comenzó a generar peligro constante sobre el arco tapatío, aunque Whalley sostuvo con vida a las Chivas con varias atajadas importantes antes del descanso.
Para el complemento, el conjunto celeste mantuvo la presión y terminó encontrando premio a su insistencia. Al minuto 66, Agustín Palavecino sacó un disparo desde media distancia que se desvió en Diego Campillo y terminó incrustándose en la portería rojiblanca para el 2-1 definitivo.
Las Chivas intentaron reaccionar en la recta final, pero ya sin varios de sus hombres más desequilibrantes en el campo, el equipo de Gabriel Milito perdió claridad ofensiva. El Cruz Azul administró la ventaja con inteligencia y terminó consumando una clasificación merecida.
Además del pase a la final, el partido confirmó el gran momento de Joel Huiqui, quien tomó al equipo de manera interina tras la salida de Nicolás Larcamón y, en apenas unos encuentros, llevó a La Máquina hasta la serie por el título. El ex defensor celeste se convirtió además en el primer técnico mexicano en alcanzar una final de Liga MX desde 2022.
Para las Chivas, la eliminación dejó un sabor amargo. El cambio temporal al Estadio Jalisco terminó pesando y el Guadalajara volvió a quedarse corto en la antesala de la final, alargando además su mala racha reciente frente al Cruz Azul.
La final final en CU
Los Pumas hicieron valer su condición de líder y avanzaron a la final con un empate a uno en el marcador global ante un Pachuca pusilánime que sólo atacó en los minutos que se vio eliminado.
Jordan Carrillo está de vena y con un golazo que contó con la colaboración del guardameta de los Tuzos. Moreno no vio ni cuando salió el obús de Carrillo y fue un espectador más de la anotación que devuelve a los unamitas en una serie por el título cinco años después.
El encuentro de ida queda en puntos suspensivos dónde se jugará, pero la vuelta, el partido definitivo por el título del balompié mexicano se disputará el 24 de mayo por la noche en Ciudad Universitaria.