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Romantizar el futbol: el pecado y la penitencia de la afición

Larcamón ponderó a su familia y a sí mismo sobre el futbol y yo le aplaudo. Se necesitan muchas agallas para dar un paso al costado cuando lo más fácil sería mantenerse en una zona de confort que no llevaría a nada nuevo.

Gustavo
Gustavo Mirón

Actualizado: 11 NOV 2022 - 2:15

Romantizar el futbol: el pecado y la penitencia de la afición
Arte: GRADA

El 9 de noviembre de 2020, el Club Puebla sorprendía a propios y extraños con la llegada de un entonces desconocido Nicolás Larcamón a la dirección técnica de la Franja. Dos años después, justamente el 9 de noviembre de 2022, el Puebla sorprendía con la salida del estratega argentino.

Dos años en medio de una pandemia parecen eternos. Para muchos, Nicolás Larcamón tiene ya demasiado tiempo en el Puebla y consideran que marcó una época que pocos o nadie esperaba. Y es que meter a un equipo como la Franja a cuatro liguillas consecutivas no es poco.

Lo malo de todo esto es que la afición, me incluyo, comenzamos a romantizar un negocio muy lucrativo como es el futbol. Creemos que la “luna de miel” con un entrenador, jugador o hasta directivo será eterna, pues en medio de tantos sinsabores, la pelotita nos regala un poco de felicidad.

El empate agónico ante Toluca, las victorias en penales ante Chivas, los festejos y la comunión con la afición nos hicieron pensar que este idilio de amor futbolero sería eterno, pero como dice una canción del odiado Arjona: “Las nubes grises también forman parte del paisaje”.

Y la gran ‘nube gris’ que tapó el sol “larcamoniano” llegó con playera amarilla y once dolorosos goles en dos juegos donde se esperaba que esos hombres con una franja cruzando el pecho metieran, al menos, las manos.

Como en toda relación romántica, tras esta falla la afición y Nicolás Larcamón se dejaron de hablar. Cada quién se fue a un cuarto y aunque seguían juntos, el ambiente ya no era lo de antes, pese al “no eres tú, soy yo” que soltó el argentino tras la derrota ante América.

Mientras se buscaba una especie de terapia de pareja con la ilusión de nuevos refuerzos o un mejor proyecto, Nicolás decidió hacer las maletas y romperle el corazón a miles de aficionados. No tenía que inventar que iba por cigarros, simplemente decidió irse.

Sí, así es como muchos enfranjados sienten la partida de Nicolás Larcamón de la Franja. Todo motivado por la tendencia de romantizar el futbol, donde se lleva el pecado y, por supuesto, la penitencia.

Si pensamos con claridad mental, la decisión de Larcamón y de la directiva fue la mejor. Francamente, era insostenible ya su permanencia como entrenador, pues ese 11-2 echó por la borda todo ese idilio romántico que se había construido.

Nada volvería a ser como antes y eso, amigo aficionado, es lo peor que podría pasarle a un Puebla que comienza a aprender a caminar nuevamente ‘entre gigantes’.

Larcamón ponderó a su familia y a sí mismo sobre el futbol y yo le aplaudo. Se necesitan muchas agallas para dar un paso al costado cuando lo más fácil sería mantenerse en una zona de confort que no llevaría a nada nuevo.

Sobre el autor

Gustavo Mirón
Gustavo Mirón

Reportero poblano multimedia y generador de contenido.