GRADA Opinión

Sísifo tricolor

La Selección Mexicana volvió a toparse con la dura realidad en la Copa del Mundo 2026 al quedar eliminada una vez más en la ronda de los octavos de final. Como el mito de Sísifo con la roca infinita, el Tricolor sigue cargando con la eterna barrera que exhibe un asunto de calidad.

Gerardo
Gerardo Cano

Actualizado: 7 JUL 2026 - 9:50

Sísifo tricolor
Foto: Especial

                                             “Si buscas resultados diferentes, no hagas siempre lo mismo”

                                                                                                                      -Albert Einstein.

Un suspiro duró la euforia en México gracias al desempeño de su combinado nacional de fútbol que por momentos hizo soñar a más de 130 millones de personas que por instantes dejaron atrás los múltiples problemas que se viven diariamente los cuales son ampliamente conocidos y negados por “otros datos”.

Con el lema “Y si sí”, la Selección Mexicana se unió a los cientos de fanáticos que creyeron que esta era la oportunidad de dar un golpe histórico; razón no les faltaba para creerlo, pues teniendo el Estadio Azteca a tu favor con más de 2 mil 200 metros sobre el nivel del mar, la localía y hasta un jugador menos, parecía que el destino estaba escrito para ser diferente. 

Después de tres minutos espantosos donde la calidad de Jude Bellingham se hizo presente y una tercera desconcentración se pagó carísima con un penal que Harry Kane definió como el crack que es, el sueño mundialista del Tricolor se apagó como cenicienta cuando llegó la medianoche volviendo a la realidad. 

La barrera de los octavos de final para la Selección Mexicana ha pasado por tantas preguntas, dudas, acusaciones, señalamientos, versiones y hasta memes. Desde el ¿Por qué no metieron a Hugo Sánchez? en el 94, pasando por los errores puntuales ante Alemania en el 98, el pésimo planteamiento en Corea-Japón 2002 ante Estados Unidos, el golazo de Maxi Rodríguez en 2006, la derrota anticipada ante Argentina en 2010, el innombrable “No era penal” de 2014, la eliminación prematura en 2018 y la vergüenza que fue Qatar 2022.

Este servidor ha sido testigo de casi todas esas amarguras en las que, conforme avanza el tiempo, van modificando la narrativa que se venden como “derrotas dignas” pero que siendo honestos nos topa con esa realidad que muchas veces se quiere negar porque quien critica al fútbol mexicano, al Tricolor o todo lo relacionado es “antipatriota”.

Desde hace tiempo vengo pensando que México vive su propia versión del mito de Sísifo, personaje de la mitología griega que fue condenado por los dioses a empujar una piedra pesada hasta la cima de una montaña y que cuando está por lograr el objetivo, de nueva cuenta debe empezar desde abajo, repitiendo esta tarea por toda la eternidad; de acuerdo con los expertos, el castigo es el sinsentido de la existencia.

Pasan los años, los procesos de eliminatoria mundialista, los cambios generacionales, los perfiles de directores técnicos pero persisten las pésimas decisiones por parte de la gente de pantalón largo que desde hace más de 30 años ha encontrado muchas formas de seguir generando millones de dólares en publicidad.

Es válido pensar que el futuro es alentador cuando hay casos extraordinarios como Gilberto Mora, sin embargo, también es necesaria hacer una pausa y reflexionar por qué se repite el ciclo cada cuatro años en donde se comienza desde cero, llega una Copa Oro que se gana o pierde y luego a turbulencia habitual para acceder al Mundial con una ilusión que suele ser ciega porque es más fe que realidad.

Para muchos, la eliminación de la Selección Mexicana de la Copa del Mundo no es motivo de sorpresa, más bien, una triste costumbre que es tan habitual como el Día de Muertos o las Fiestas Patrias. Han sido tantos los escenarios, las maneras de perder y la falta de trascendencia que el tema ya no pasa por lo mental, sino por la calidad, esa que históricamente siempre ha faltado. 

El mito de Sísifo deja en claro la enseñanza de que la vida con las luchas cotidianas puede no tener razón de ser al grado de ser repetitivo, pero si acepta el destino con plena consciencia, rebelándose contra el absurdo, el esfuerzo dará cambios. Justo eso debe entenderse dentro de la Federación Mexicana de Fútbol (FMF) a partir de ya. 

La algarabía por el sueño mundialista de 2026 ya quedó atrás y el camino parece ligado a Rafael Márquez, uno de los grandes futbolistas que ha dado este país cuya formación fue cercana con Javier Aguirre como el sucesor natural. A simple vista suena positivo, pero aquí vendrán temas que no pueden ser menores.

A finales de este mes, la Selección Mexicana se jugará el boleto a la Copa del Mundo Sub-20 y el pase a los Juegos Olímpicos Los Ángeles 2028. Si se fracasa nuevamente como sucedió hace cuatro años, no sólo habrá una generación perdida más, sino que también complicará el recambio generacional que necesita este Tricolor donde varios por dignidad tienen que hacerse a un lado. 

Hoy hablamos de un Mundial, en un año, de la poderosísima Copa Oro y si las cosas van bien (ojalá) se darán pasos hacia delantero, pero sino, otra vez vendrá el caos que acompaña al combinado nacional del que por cada alegría hay tres penurias como si fuese alto el costo por vivir un instante de emotividad.

Como la roca gigante que es la ronda de Octavos de Final, la Selección Mexicana con Rafa Márquez o el que venga, tendrá la encomienda de volver a llegar a la cima en cuatro años, a ver si en 2030 podemos contra otra historia que sea tan especial como México 86 o tan infame como Qatar 2022.

Sobre el autor

Gerardo Cano
Gerardo Cano

Periodista deportivo poblano con 10 años de experiencia cubriendo diversos fuentes desde nivel universitario hasta profesional.