Poblanos se manifiestan por demolición de “El Relicario”
Alrededor de 200 personas atendieron la convocatoria del Círculo Taurino de Puebla y realizaron una manifestación simbólica frente al coso de Los Fuertes, en defensa de la plaza que ayer cumplió 37 años y que enfrenta la posibilidad de demolición.
Capotes abiertos en el aire frío de noviembre, muletas trazando verónicas imaginarias y un eco que recordó ferias completas: así se vivió este miércoles la manifestación convocada por el Círculo Taurino de Puebla, que logró reunir alrededor de 200 aficionados frente a la Plaza de Toros El Relicario, en la zona histórica de Los Fuertes.
La concentración comenzó en punto de las 16:30 horas y se desarrolló como un acto pacífico, familiar y simbólico. Aficionados de todas las edades realizaron suertes taurinas frente a la fachada cerrada del coso, enviando un mensaje directo a las autoridades: la comunidad taurina no permitirá que el recinto sea demolido.
Carteles, fotografías, capotes, música y arengas acompañaron una tarde que, por momentos, pareció devolverle vida a la plaza que desde hace años yace sin actividad y bajo la sombra de un posible derrumbe.
Un aniversario convertido en protesta
La elección de la fecha fue deliberada. Este 19 de noviembre, El Relicario cumplió 37 años desde su inauguración en 1988, cuando José Ángel López Lima impulsó la construcción del coso para devolverle a Puebla un espacio taurino fijo tras la desaparición de El Toreo en 1974.
Inaugurada con un cartel encabezado por David Silveti, Jorge Gutiérrez y Vicente Ruiz “El Soro”, la plaza se levantó en apenas 97 días y desde entonces se convirtió en referencia obligada de la tauromaquia poblana.
El anuncio reciente del gobierno estatal sobre una probable demolición encendió la alerta entre los aficionados, que decidieron tomar la fecha del aniversario para “alzar la voz por nuestra afición y nuestras libertades”, como señaló el propio Círculo Taurino durante la lectura de su posicionamiento.
La afición reclama su lugar
“La plaza es del pueblo”, repetían varios asistentes mientras improvisaban faenas con un toro imaginario. Entre ellos se encontraban peñistas, matadores retirados, estudiantes, familias enteras y aficionados que vivieron las grandes tardes de la década de los ochenta noventa y las ferias más recientes en los albores de este siglo.
La manifestación se desarrolló sin incidentes y marcada por un sentimiento compartido: la convicción de que El Relicario es parte de la identidad cultural de la ciudad y que su desaparición significaría perder un capítulo entero de la memoria taurina poblana.
Si algo demostró la tarde de ayer es que El Relicario no es sólo una estructura metálica vestida de plaza: es un símbolo tejido con recuerdos, con tardes de feria, con generaciones completas que aprendieron ahí a mirar el toreo.
Su posible demolición no abre un debate sobre el uso de un terreno, sino sobre la memoria de una ciudad que, a veces ante la intransigencia, deja caer pedazos de su propia historia.