Fauro Aloi: “El rejoneo es un arte de mil variables”
El rejoneador mexicano Fauro Aloi estuvo como invitado en el programa radiofónico Desde La GRADA, donde habló sobre la corrida de rejones programada para este domingo 15 de marzo dentro del Festival Ibérico en Val’Quirico. En la charla, el torero compartió además detalles íntimos y poco conocidos del llamado “Arte de Marialva”.
El rejoneador mexicano Fauro Aloi pasó por los micrófonos del programa radiofónico Desde La GRADA, en una conversación en la que abordó la corrida de rejones que formará parte del Festival Ibérico en Val’Quirico este domingo 15 de marzo en la que alternará con Emiliano Gamero y Javier Funtanet ante un encierro de Hernández Cosío, empero, que terminó convirtiéndose en una charla para entender los secretos del llamado “Arte de Marialva”, una disciplina taurina en la que la armonía entre hombre y caballo resulta tan determinante como el valor frente al toro.
Durante la charla, Aloi explicó que su vínculo con el rejoneo comenzó prácticamente desde antes de nacer, pues creció en un entorno profundamente ligado al mundo taurino.
“Yo empiezo por temas familiares. Desde antes de que fuera yo siquiera planeado, mi mamá era ganadera y mi papá era rejoneador. Entonces desde el inicio ya estaba metido en el medio sin saberlo”.
El torero recordó que desde pequeño acompañaba a su familia a plazas y ganaderías, una cercanía que fue alimentando una afición que con el paso de los años terminaría por convertirse en vocación.
“A mi papá lo vi torear cuando yo era muy chico. Luego se retiró, pero cuando yo empecé a hacerlo ya más en serio fue por ahí de los 16 o 17 años, cuando tomé mis primeras clases y empecé a enfocarme de lleno en el rejoneo”.
En un principio —confesó— la intención no era necesariamente construir una carrera profesional, sino convertirse en un buen aficionado.
“Al inicio lo hacía más como afición que como profesión. Quería aprender, disfrutarlo. Pero poco a poco se fueron dando las cosas: empezaron a salir compromisos, festivales, oportunidades… y de repente ya estaba toreando seguido y cobrando”.
Una disciplina de doble aprendizaje
Uno de los aspectos que Aloi subrayó durante la entrevista fue la complejidad técnica del rejoneo, pues el torero no sólo debe formarse él mismo, sino también preparar a los caballos que forman parte de su cuadra.
“No es nada más subirse al caballo y echarle. Hay muchas horas de práctica. Tienes que estar conectado con el caballo, entender toda la dinámica. Mucho es prueba y error”.
En ese proceso, explicó, existe una herramienta fundamental de entrenamiento conocida como la carretilla, un dispositivo que simula la embestida de un toro y permite enseñar al caballo cómo reaccionar.
“La carretilla es literalmente como una cabeza de toro que alguien empuja. Con eso se simula el movimiento de la embestida y ahí es donde el caballo aprende cómo defenderse y cómo moverse”.
El aprendizaje, dijo, ocurre de manera gradual: primero con ese simulador, luego con becerras o vacas y finalmente en la plaza.
“Es un proceso paulatino. El caballo mismo te va diciendo por dónde le gusta moverse, si tiene valor o si no lo tiene”.
El diálogo silencioso con el caballo
Para Aloi, una de las mayores diferencias entre el toreo a pie y el rejoneo radica en la cantidad de variables que intervienen en la lidia.
“No sólo estás lidiando con el toro. También estás lidiando con el caballo, que es otro animal con sentimientos, con miedo, con valor y con habilidades propias”.
En ese sentido, explicó que el rejoneador debe aprender a leer al toro en cuestión de segundos y transmitir esa información al caballo casi de inmediato.
“Los movimientos del toro realmente los conoces hasta que sale a la plaza. No sabes la velocidad, la fuerza o la manera en que va a reaccionar. Todo eso lo tienes que resolver muy rápido y transmitírselo al caballo”.
Ese intercambio —según explicó— ocurre mediante una mezcla de contacto físico, órdenes sutiles y la propia experiencia del animal.
“El caballo también mide al toro. A veces lo pasas una o dos veces un poco lejos para que sienta la embestida. Los caballos más experimentados lo entienden más rápido”.
Toros que cambian, caballos que sienten
Aloi detalló que una de las dificultades de esta modalidad taurina es que el comportamiento del toro puede variar constantemente durante la lidia.
“En 30 segundos o un minuto ya puedes tener una idea de cómo se mueve el toro: si se va a quedar parado, si va a correr mucho, si te va a medir. Pero luego cambia con el castigo o con las banderillas y tienes que volver a adaptarte”.
En paralelo, el estado anímico del caballo también influye en la faena. Antes de salir al ruedo, explicó, los rejoneadores realizan un calentamiento para sentir cómo se encuentra el animal.
“Ahí te das cuenta si el caballo está calmado o si está nervioso. El caballo también tiene sentimientos: siente miedo, siente nervios. A veces uno está tranquilo y el caballo nervioso, o al revés”.
Por ello, el torero debe ajustar su forma de lidiar dependiendo del estado del animal.
“Si el caballo está nervioso entras sabiendo que tienes que tener más cuidado. Hay días en que el caballo está perfecto… y otros en que parece decirte: hoy no estoy para torear”.
Rejones en Val’Quirico
La conversación también sirvió para hablar de la próxima corrida de rejones que se celebrará este domingo 15 de marzo dentro del Festival Ibérico en Val’Quirico, un evento que ha ido consolidándose como uno de los escenarios taurinos más singulares del centro del país.
Aloi llegará a ese compromiso con la ilusión de mostrar al público la esencia de una disciplina en la que técnica, intuición y sensibilidad ecuestre se entrelazan constantemente.
Porque, como el propio torero resumió durante la charla, el rejoneo es una suma de factores que deben coincidir en el instante preciso.
“Es un arte de muchas variables: tu cabeza, el caballo, el toro, el momento. Todo tiene que embonar para que las cosas salgan bien”