De Alejandría indulta y sale a hombros en Apizaco
Casi media plaza respondió al festejo a beneficio del albergue de la Sagrada Familia en Apizaco. Un indulto, una cornada y el reconocimiento al ganadero de Tenexac dieron forma a una novillada intensa y de alto contenido emotivo.
La Plaza de Toros Rodolfo Rodríguez “El Pana” se vistió de solemnidad y compromiso social la noche del viernes 13 de febrero, cuando casi media entrada respondió al llamado de la Novillada Monumental a beneficio del Albergue de la Sagrada Familia, en Apizaco.
Bajo un ambiente nocturno cargado de expectativa, seis novillos de Tenexac —bien presentados y de juego desigual— marcaron el pulso de un festejo que tuvo como eje el indulto de José de Alejandría, la entrega juvenil de sus alterantes y episodios de dramatismo.
Desde el primer tercio quedó claro que la seriedad del encierro exigiría a los seis novilleros un compromiso pleno. Hubo nobles embestidas, otras con asperezas, y un ejemplar —el segundo— que se elevó por encima del resto hasta convertirse en el protagonista absoluto de la noche.
Kevin Loyo abrió plaza con actitud y disposición, logrando momentos de conexión con el tendido. Su labor, reconocida con ovación en la vuelta, dejó constancia de su voluntad por agradar y de una tauromaquia en proceso que encontró eco en el tendido.
Pero el punto de quiebre llegó con José de Alejandría, quien firmó una faena de dimensión mayor frente al segundo novillo. “Atlakatl” (Marinero), número 83, con 441 kilos, sacó fondo, clase y recorrido; el novillero supo entenderlo desde los primeros muletazos, conduciendo con temple, largura y una cadencia que fue creciendo hasta provocar la petición unánime.
El indulto fue concedido y, en un gesto que redondeó la escena, De Alejandría invitó al ganadero Santiago Villanueva a compartir la vuelta triunfal, entre ovaciones que reconocieron tanto al toro como a su creador.
La tarde mantuvo su intensidad con Enrique Mejorada “El Penco”, quien dejó pasajes de buen trazo y firmeza, aunque la falta de contundencia con el acero le llevó a saludar al tercio tras aviso.
Similar suerte corrió Giovanni Morales, que mostró disposición y momentos de entrega, recibiendo palmas tras aviso. En contraste, Cristopher Morales no logró redondear su actuación y se fue en silencio tras escuchar tres avisos, en una tarde cuesta arriba que no encontró respuesta ni en el ruedo ni en el tendido.
El sexto capítulo estuvo marcado por el dramatismo. David de la Mora cuajó una faena que había puesto al público de su lado, pero al entrar a matar fue alcanzado por el novillo, sufriendo un corte profundo en la mano derecha.
Vendado de urgencia por los servicios médicos, regresó a la cara del toro para finiquitarlo, gesto que provocó una ovación en la vuelta, aunque la falta de acierto con el acero le privó de trofeos. Posteriormente fue atendido en la ambulancia y trasladado al hospital para su valoración.
El peso de los detalles
Hubo también reconocimientos para la cuadrilla. En el cuarto de la noche, Gerardo Angelino y Sebastián Soriano fueron ovacionados por cubrir de manera extraordinaria el segundo tercio, levantando al público con pares de gran exposición y precisión.
Al término del festejo, el balance fue claro: José de Alejandría se erigió como triunfador de la tarde, saliendo a hombros con el trofeo que premió su actuación y, sobre todo, el indulto que dio sentido pleno a una noche donde el toro fue el centro.
Más allá de los apéndices y los reconocimientos, Apizaco vivió una novillada que confirmó la vigencia del relevo generacional y la importancia del toreo como acto solidario.