El andamiaje del Tricolor no soporta más
En esta selección se toman decisiones irracionales todos los días; hace cuatro meses anunciaron a Cocca como técnico para el proceso rumbo a 2026 y luego, increíblemente, ni el semestre completó al frente del Tricolor.
La situación que vive el Tricolor es, sin lugar a dudas, una que estremece los ya débiles cimientos de una estructura que está por venirse abajo porque nunca se puso atención en su firmeza ya que, de manera imprudente, esto se postergó para un infinito después.
Medianamente puedo comprender que los cambios estructurales en la Selección Mexicana no se presentaron porque ésta, también medianamente, lograba los objetivos reales que se planteaba —por reales me refiero a dominar Concacaf, superar con holgura la eliminatoria y hacer un papel decoroso en el mundial—.
Sinceramente, cualquier persona con buen juicio y acostumbrada a diseccionar la realidad para razonarla, comprenderla y compararla con ideas particulares, difícilmente creyó que México estuvo alguna vez en condiciones para ganar un Mundial.
Por el contrario, en su momento, lo creyeron algunos seleccionados valentones que, durante Rusia 2018, pregonaron que la obtención del mayor título que avala la FIFA era dependiente de cuanto se quisiera creer en que esto era posible. “Decreta y lograrás”. Pues bien, se decretó y esto no sucedió.
En ese Mundial, en un país que hoy se halla en conflicto, mucho se dijo que tras la eliminación ante Brasil vendrían cambios en la estructura de la selección. Se habló, y con insistencia, que no volvería a cometerse un error en la elección del entrenador. En aquel momento se puso al colombiano Juan Carlos Osorio como el enemigo público número uno. Se insistió en que sus rotaciones eran absurdas y que, tras ganarle a Alemania, se desperdició la gran oportunidad de hacer historia en un Mundial.
Hace cinco años ya de esto y, como sucedió tras Brasil 2014, Sudáfrica 2010, Alemania 2006, Corea-Japón 2002, Francia 1998 y Estados Unidos 1994 —por citar solamente algunos torneos— los cambios estructurales nunca se presentaron y, por obvias razones, como nunca se atendió a ese andamiaje que soporta todo el peso de una selección, éste se deterioró y ahora parece que no hay manera de hacerlo funcional; este andamiaje se estropeó y parece que no tiene más arreglo, por lo que ahora, todo apunta a que deberá ser demolido para construir algo más firme, algo que pueda soportar el peso de unas competencias en las que México ya no solamente no aspira a ganar, sino en las que no puede ni hacer un papel mediano.
La selección vive su momento de mayor opacidad. Sus dueños siguen decidiendo con base en el erróneo pensamiento de que tienen un gran equipo, con grandes jugadores y un gran futuro. Nada más lejano a la realidad. En esta selección se toman decisiones irracionales todos los días; hace cuatro meses anunciaron a Cocca como técnico para el proceso rumbo a 2026 y luego, increíblemente, ni el semestre completó al frente del Tricolor.
Después anunciaron como interino a Jaime Lozano y ahora su interinato o continuidad depende de qué tan bien o mal le vaya en la Copa Oro, donde ahora hasta se pierde con Qatar.
Esta selección se está cayendo a pedazos, sin embargo, jugadores y directivos no comprenden que la falta de decisiones fuertes e impopulares, pero necesarias, están empujando a la selección a vivir su gran fracaso en una justa mundial.
Si te resultó amargo ver cómo el Tri quedaba al margen de los octavos de final en Qatar, ahora imagina cómo será ver a México perder los tres partidos del próximo Mundial.