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La última conversación con Manuel Lapuente

Hace ya varios añoss platiqué por última vez, uno a uno, con Manuel Lapuente. Tras los saludos de cortesía, pregunté qué había de cierto sobre su posible integración al equipo de la BUAP.

Omar
Omar Rodríguez

Actualizado: 2 NOV 2025 - 11:25

La última conversación con Manuel Lapuente
Arte: GRADA

Hace ya varios años —para ser preciso en 2018, quizá en mayo— platiqué por última vez, uno a uno, con Manuel Lapuente. En ese tiempo sonaba con insistencia un rumor: Lapuente Díaz podría llegar a Lobos BUAP.

Era la época en la que, tras pagar una multa, el equipo universitario se mantuvo en Primera División; era el momento en que Mario Mendívil tomó el control de una franquicia que —¿Quién lo diría?— pronto habría de mudarse muy al norte del país.

Recuerdo que, a pesar de llamarle al número que conseguí, una mujer —quizá su esposa— fungió como intermediaria. Me preguntó el tema que quería abordar, el medio de comunicación para el que se llevaría a cabo la entrevista y, finalmente, concluyó en que, en diez o quince minutos, él me regresaría la llamada. Y así sucedió.

Llamó con puntualidad londinense a mi teléfono celular. Yo ya había guardado su número de contacto y, por ello, cuando su nombre apareció en la pantalla, no dejó de sorprenderme cómo pasan las cosas. Un día —de niño— vi festejar a un señor de boina el campeonato de su equipo —mi equipo— y otro día —mucho tiempo después— ese señor llamaba a mi teléfono.

Tras los saludos de cortesía, pregunté qué había de cierto sobre su posible integración al equipo de la BUAP. Él me respondió que era una posibilidad puesto que a Mendívil lo conocía de mucho tiempo atrás. Añadió que, si bien no había tenido una conversación formal con Mario, sí habían platicado con amplitud sobre la grama finamente podada de un campo de golf, una en la que Manuel había expuesto que la prioridad era contratar jugadores, sin exceso de calidad, pero con la mentalidad y experiencia de afrontar un reto que se percibía duro de sortear.

Con más confianza, directo le pregunté que esa charla informal me parecía una forma de decir que había iniciado la negociación para vincularse a Lobos; por ello, también sin rodeos, pregunté cuál era la posición a la que podría llegar: ¿director técnico o director deportivo? Él respondió: “No hay nada formal, pero estamos platicando y dejé abierta la opción de dirigir, así que ellos podrán escoger. No sé si esté cerca o lejos, pero ya hablé y señalé que hay condiciones de por medio y ellos también tienen algunas condiciones”.

Tras ese intercambio supe que Manuel Lapuente estaba a horas o quizá a días de integrarse a Lobos. Lo que no supe era si como directivo o como líder de un banquillo que tantas satisfacciones le dio en tantísimos años de labor al frente de grupos ganadores: Puebla, Necaxa y América.

Nos despedimos y colgamos. Quedamos en platicar tan pronto se presentara un avance —si es que lo había—. Yo, tecleando con velocidad para evitar que alguien más publicara una entrevista con él —lo que hasta ese momento no había sucedido— tuve una interrupción: mi teléfono volvió a sonar y, otra vez, en la pantalla apareció el nombre de Manuel Lapuente. En ese momento pensé que, hombre de palabra, quizá, a pesar de que apenas pasaron unos cinco minutos desde que nos despedimos, ya tenía una nueva información que brindarme respecto a su vinculación con Lobos.

No hubo información nueva; al menos, no de forma directa. La llamada fue para comentarme —enfatizarme— que el estaría feliz de llegar como directivo, pero que, si él pudiera decidir, elegiría ser técnico. Le agradecí la precisión. Supe entonces que lo que él quería era regresar a la cancha para dirigir una última vez.

No sucedió. Como tampoco sucedió otro uno a uno entre él y yo. Quedó una conversación pendiente. 

Sobre el autor

Omar Rodríguez
Omar Rodríguez

Periodista poblano, escritor, conductor de radio y televisión. Ha realizado coberturas de 30 torneos de Liga MX y coberturas internacionales, entre ellas Copa del Mundo FIFA y Copa Confederaciones.