Un Puebla sin referentes la tendrá difícil para hacer match con su gente
Gran reto le viene por delante a una plantilla conformada por futbolistas que tendrán que hacerles frente a diecisiete equipos que los superan en experiencia, recursos y presupuesto.
Me es imposible predecir cómo será la temporada del Puebla.
Son tantos jugadores nuevos, entre elementos muy jóvenes y otros con tan pocas referencias, que no poseo las variables para, por lo menos, tener un panorama claro o alguna expectativa bien fundamentada de lo que será para los camoteros el certamen que arrancará en unos cuantos días.
Sin embargo, si en lo futbolístico me quedo corto en cuanto a un pronóstico se refiere, en lo extra cancha sí puedo ver venir una temporada que será, por decir lo menos, rara para el aficionado, aquel que, con el pasar de los años y los fracasos, se alejó del estadio hasta dejarlo semivacío los días de partido.
Me explico.
Puebla, desde hace bastante tiempo, es uno de los equipos que menor apego genera con sus seguidores. Las causas son varias y van, desde malas campañas en puntos, hasta ausencia de títulos y numerosos cambios en los integrantes de la plantilla. Antes, y por antes me refiero a apenas hace tres años, el fiel seguidor de la Franja sabía que no tenía un equipazo, pero, por supuesto, consciente estaba de que el club tenía referentes, aquellos que ahora ni remotamente posee.
Antes, en la que parece una ya muy lejana época de Larcamón, cualquier seguidor del Puebla podría mencionar, si no la oncena titular, sí al menos ocho o nueve habituales inicialistas. Ahora, entre jóvenes, extranjeros de no amplio cartel y elementos con pocos minutos en la Primera División, difícilmente los fans más recalcitrantes de la Franja podrían citar cinco o seis nombres del conjunto comandado por Pablo Guede.
Para el próximo torneo, Puebla tiene por reto volver a enamorar a una afición que, al menos como se distingue, no halla en este plantel algo que le genere identidad.
Todo es nuevo y lo nuevo, inicialmente, no conecta, no hace match. Quitando la playera, los colores y el escudo —y quizá a Lucas Cavallini— la gente no encuentra algo que lo vincule emocionalmente al equipo de la ciudad.
Tras el retiro de Angulo, Pablo González —el último poblano en el equipo con presencia habitual— pudo ser esa pieza que conectara a la Franja con la tribuna, pero alguien le abrió la puerta del club y, no de la manera más sincera, le invitó a salir.
Puebla y su gente, que posiblemente sea la de menor presencia y número en ocho décadas de historia, no están para un torneo de cinco, seis o siete puntos. Gran reto le viene por delante a una plantilla conformada por futbolistas que tendrán que hacerles frente a diecisiete equipos que los superan en experiencia, recursos y presupuesto.
Nico llegó bien
Hace unos días, proveniente de Chile, a Puebla llegó Nicolás Díaz. El ex defensor de Unión Española regresó a México para jugar con su tercer equipo en el país. Después de su paso por Xolos de Tijuana y antes con los Cañoneros de Mazatlán, el zaguero, que debutó en el Palestino, se presentó en las instalaciones camoteras para volverse enfranjado y vaya que ese primer momento le dio crédito con la afición.
La razón: al recorrer su nueva casa, Díaz evidenció conocimiento de parte importante de la historia de su nuevo club, al reconocer y luego publicar una imagen con los nombres de Carlos Poblete y Jorge Aravena.