El Tri Sub-20: promesa que ilusiona
Este Tri me permite pronosticar que quizá en cuatro años, el equipo verde pueda volver a enamorar a una afición que, a nivel mayor, tiene tiempo de no mostrar conexión.
Una mañana de diciembre de 2022 ingresé al restaurante del Hotel Royalty, en la Avenida Reforma. En ese espacio, en donde muchas veces concentró el Puebla de la franja naranja —la del goleador español Carlos Muñoz— tomé una mesa que se hallaba justo frente a una pantalla de televisión. Apenas disponía de una hora libre para ver la mitad del partido entre México y Polonia.
Como aficionado, porque en esos juegos me quito la playera de periodista, disfruté de un alegre nerviosismo; el mismo que se produce antes de un debut mundialista, justo cuando, en sincronía, aparecen las alineaciones y los rostros de los futbolistas en la formación en donde entonan el himno nacional.
Tras cuarenta y cinco minutos, con aburrimiento y ya sin un remanente de alguna sensación positiva, me retiré del lugar. Esa mañana de manteles amarillos, café y chilaquiles verdes algo se rompió en mí.
Esa mañana, por lo expuesto en la cancha, dejó de interesarme aquella selección a la que seguí cuatro años atrás al otro lado del mundo, aquella que propició que en 1994 y 1998 faltara a clases, aquella que me provocó desvelos en 2002 y la misma —en sentido simbólico— que me motivó a seguir las transmisiones radiales de Estadio W y soñar con que, algún día, mi voz sonará ahí, lo que, afortunadamente, conseguí en Rusia 2018.
Ese mismo equipo, aunque con otro técnico y nombres, fue el que me enamoró en 2006 con el gol de Rafa Márquez ante Argentina, aquel que, un ciclo después, volvió a caer con la albiceleste en Sudáfrica 2010 y aquel que, por las pobres expectativas, me sorprendió en Brasil 2014.
Insisto. Algo se rompió esa mañana.
Yo, que falté al trabajo en no pocas ocasiones para ver los partidos mundialistas, dejé de interesarme por el segundo tiempo ante Polonia. Unos días después vi el juego contra Argentina y, claro está, lo que noté fue lo que notamos todos: un nivel tan pobre que no alcanzó para, al menos, poner en un tímido aprieto al equipo que al final fue campeón del mundo.
Del juego ante Arabia Saudita lo que más recuerdo es que ya no vi el segundo tiempo, pero, por la trascendencia de la disputa, seguí la misma en carretera, en una llamada en donde el teléfono celular receptor pegado estuvo a la pantalla de televisión, la misma en donde Luis García y Cristian Martinoli lanzaron certeros y punzantes comentarios tras la eliminación.
Desde esa fecha no he visto un partido completo del Tri mayor. No me apetece, no me interesa, no me llama la atención.
Sin embargo, en el futbol, tal y como sucede en la vida, de pronto las cosas se alinean para darte una sorpresa y eso es precisamente lo que me ha provocado lo hecho por México sub 20 en la Copa del Mundo de Chile.
Cierto es que este equipo todavía dista mucho de estar cerca del campeonato y que, inclusive, si llegara a levantar la copa, esto debería tener una justa medida y no una desproporcionada que maquille el mal momento que el futbol de nuestro país vive desde hace varios años.
Sin embargo, este Tri de Arce —¡de Arce!—, de Mora, de Fimbres, de Camberos y más, me permite pronosticar que, seguro no en 2026, pero quizá cuatro años después, el equipo verde pueda volver a enamorar a una afición que, a nivel mayor, tiene tiempo de no mostrar conexión.