La escuela de Manuel Lapuente
La escuela lapuentista será recordada en México como la estrategia compacta, efectiva y eficiente.
Manuel Lapuente Díaz tuvo una carrera exitosa como entrenador. Marcó diferencias para y con México en el tricolor y también con los clubes que dirigió.
Sin duda, el equipo que le significó la diferencia en su carrera fue el Necaxa, aquella máquina de los noventas que de los goles de Basay y Peláez, los pases de Aguinaga, los trallazos de Ambriz y García Aspe, la férrea defensa de Vilches, Becerril y Herrera, y las increíbles atajadas de Nicolás Navarro, hizo una época de goles y fiesta en el estadio Azteca.
Emotivamente para la fanaticada poblana, Manolo significa mucho pues el único que ha podido entregar títulos de liga para la enfranjada afición. Porque generó lo que nadie ha podido, más alla de resultados que hubieran marcado una temporada de éxitos de muchos años, le dio la ilusión a la afición que podían competir por títulos durante mucho tiempo.
Les dio en un par de torneos la alegría de competir contra todos y ser de los mejores, aunque, el tiempo ha marcado la realidad del club y que los títulos de Manuel fueron una excepción a la constante derrota en los juegos del club.
De hecho, los números en general de Don Manolo fueron bastante balanceados, salvo los magníficos Rayos quienes destacaron por encima de la media, siempre tuvo un porcentaje de éxito arriba del 50%.
Un punto importante que marcó la existencia y permanencia de la escuela Lapuentista en México es el establecimiento de la formación y tendencia de juego del mismo: 1-4-4-2 firme siempre e imponiendo el orden a la variación táctica.
El equipo podría desesperadamente necesitar variaciones que otro tipo de entrenador pudiera liberar pero en este esquema de orden y trabajo se mantenía siempre el rigor del entrenador.
Los marcadores, vuelvo a mencionar, salvo los fabulosos Rayos del Necaxa, fueron mayormente sobre el rival: “si nos hacen 1, hacemos 2, y listo”.
Con la Selección Mexicana marcó una etapa muy buena, con el único título internacional de selecciones mayores que está en vitrinas, ganándole a Brasil en el estadio Azteca. Hay en el palmarés títulos de selecciones menores pero realmente el único título a nivel mundial es la Copa Confederaciones de 1999. Un Mundial en 1998 que sentó bases importantes del equipo ganador del torneo celebrado en tierras aztecas.
Esta generación de futbolistas que dieron muchísimo que hablar en los siguientes años y dando una base sólida junto con nuevos baluartes para el Mundial de 2002 donde penosamente seríamos eliminados ante Estados Unidos.
Me parece que sus éxitos se basan más en la generación de una escuela estratégica que no competía con Lavolpe, aunque quisieran algunos medios que aquí tuviéramos algo como lo que en Argentina existe entre Bilardo y Menotti.
Más allá de la competencia o rivalidad que pueda existir entre escuelas en diferentes países como lo son la ya mencionada en Argentina, o en México entre Lapuente y Lavolpe o en el mundo entre Guardiola y Mourinho.
Las diversas escuelas y tipo de formación que se generan en el mundo por demografía y potencial en los futbolistas no son contrarias entre los que trabajan en el mismo país, al contrario, deben ser complementarias ya que lo que uno ve, el otro no y se observan en una totalidad completa que acumula conocimiento del pasado y presente.
La escuela de competencia que trajo Lapuente al fútbol mexicano, sobre todo a la selección dejó un legado que se ha mantenido vigente durante muchos años y sobre todo el recuerdo de los éxitos en los clubes de los cuales fue el dirigente.
América, Necaxa, Puebla y la Selección disfrutaron de la mano de Don Manolo para ganar y tener su espacio en la historia.
Los fanáticos de Puebla y Necaxa le guardan un cariño especial puesto que los puso en la senda de los ganadores aunque fuera efímero y solamente porque Lapuente supo conjuntar a jugadores de buen nivel para un fin común.
Sin duda, la escuela de Manuel Lapuente será recordada en México como la estrategia compacta, efectiva y eficiente.
Y recuerden, la pelota siempre al 10.