Se irá Cristante; ¿quién vendrá seducido por este gran ambiente laboral?
Lo que no dirá la oferta: “sueldo competitivo” porque Puebla es el equipo que peor paga en el futbol mexicano.
Es altamente probable que todos los que tenemos un recorrido amplio en el mundo laboral poseamos más de una historia terrorífica qué contar, que puede abordar desde la precariedad de un sueldo, los horarios, la carencia de calidad en lo que a material humano y físico se refiere, la escasez de incentivos, malos jefes y una toxicidad tan venenosa a la que uno, ni queriendo, puede hacerse inmune.
Pero el trabajo es necesario porque éste, como sucede con otras cosas, genera sentido de pertenencia y utilidad, y también, por supuesto, es fuente de ingresos, una obligatoriedad para todo aquel que requiera subsistir.
Y así como en la vida diaria hay empleos que se convierten en sinónimo de sufrimiento, en el futbol mexicano existe un puesto que pocos aceptarían si supieran lo que implica: ser director técnico del Club Puebla.
Esa oferta, que en apariencia puede sonar atractiva —un reto en Primera División, una oportunidad para mostrar capacidad— termina siendo, casi siempre, una garantía de desastre. Porque dirigir al Puebla, hoy en día, equivale a aceptar un trabajo en el que la falta de recursos, la presión, la falta de respaldo y la ausencia de rumbo forman parte de un contrato que no va a durar el año.
Por ese banquillo han pasado técnicos novatos como Eduardo Arce, a quien antecedió Nicolás Larcamón, el último que pudo —con más recursos y un material humano de poco renombre, pero de buena calidad— llevar al equipo a pelear por la posibilidad de no conformarse con una liguilla.
Después de Arce —hoy un técnico de buen cartel por lo hecho en selección nacional con límite de edad— vino Ricardo Carbajal y luego, que no se nos olvide, estuvo Carevic, José Manuel de la Torre, Pablo Guede y Hernán Cristante; todos con más o menos los mismos resultados: derrotas, pocos empates y todavía menos victorias.
Al final del torneo, si no ocurre algo extraño, Hernán Cristante se irá como se fueron sus antecesores: con la seguridad de que venir a Puebla fue una decisión equivocada. El histórico ex portero de Toluca se marchará con la misma resignación que los anteriores, sabiendo que intentó remar contra corriente en un barco sin timón.
En unas semanas el Puebla volverá a buscar técnico y, seguramente, en la publicación de su “oferta laboral” no faltarán las frases de siempre, los lugares comunes: “ofrecemos gran ambiente de trabajo”, aunque el vestidor carezca de unión; “bonos por objetivos”, aunque el único objetivo sea subsistir; “disponibilidad para hacer mucho con pocos recursos”, que en este club se traduce a hacer milagros; y “capacidad para trabajar bajo presión”, una presión que se mide en récord de derrotas.
Lo que no dirá la oferta: “sueldo competitivo” porque Puebla es el equipo que peor paga en el futbol mexicano.
Y así, entre promesas huecas y discursos gastados, el Puebla seguirá buscando al próximo valiente que sea digno de arriesgar su prestigio o bien, de dinamitar su incipiente carrera en los banquillos.