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La “cancelación” de Javier Hernández

Lo que ocurrió con las declaraciones de Javier Hernández es un ejemplo del dilema contemporáneo entre libertad de expresión y corrección ideológica.

Omar
Omar Rodríguez

Actualizado: 25 JUL 2025 - 23:00

La “cancelación” de Javier Hernández
Arte: GRADA

Las palabras habladas o escritas, si bien hacen alusión de manera inexacta y arbitraria a cosas materiales o inmateriales, son, quizá, en conjunto, el lenguaje que, por su extensión y amplitud, ofrece al ser humano mayores posibilidades de expresar aquello que tiene en mente —la palabra pensada, también imprecisa, confusa y equívoca. 

¿Quién puede pensar y expresarse a la perfección?

Pese a todas las limitantes que tienen las palabras, no puede negarse la utilidad que poseen en el desarrollo de una sociedad civilizada. Solitarias o en conjunto, las palabras y los discursos que emergen de ellas —interpretaciones— representan una forma de ordenar el pensamiento, de establecer acuerdos y también de confrontar realidades.

Cuando una sociedad promueve la discusión abierta, sin autocensura o censura generalizada, ésta se enriquece. Y es que en los desacuerdos, en las opiniones encontradas, en el fuego cruzado de lo que uno piensa y lo que otro contradice, el discurso de uno y otro se mejora cuando las respuestas que emergen de ellos son argumentadas y no solamente incendiarias.

Durante esta semana, en una amplia variedad de medios de comunicación de formato tradicional y digital, se puso el foco en unas declaraciones que Javier Hernández, jugador de  las Chivas, emitió a través de sus redes sociales, las cuales, por un sector de la población —del cual desconozco su amplitud— fueron calificadas como incorrectas.

Lo que ocurrió con las declaraciones de Javier Hernández es un ejemplo del dilema contemporáneo entre libertad de expresión y corrección ideológica. El “Chicharito” expresó ideas que, aunque muchos consideran conservadoras o retrógradas, muchos, también, consideran lo contrario.

¿Quién o quiénes tienen la razón? Fácil o difícil explicarlo de acuerdo a quién o a quiénes se pregunte. ¿Estamos de acuerdo con él? Tal vez no. ¿Fue torpe en sus palabras? Es muy probable. Pero de eso a tratarlo como una amenaza sistémica o un peligro público hay una distancia que solo el fanatismo puede recortar.

No se trata de celebrar al “Chicharito” ni de aplaudir lo que piensa y cómo lo expresa. 

Considero que lo importante tampoco consiste en “cancelarlo” y bloquear cualquier intento de respuesta. Lo importante es, así lo pienso, defender el principio de que una idea se combate con otra idea, no con “cancelaciones”, multas ni escarnio digital. 

Porque si el castigo social y legal es la respuesta automática ante cualquier postura que se salga del molde, el mensaje no es educar, sino intimidar.

Y lo más irónico es que, bajo esa lógica, incluso ideas verdaderamente violentas pueden fortalecerse… en silencio, en la sombra, lejos del escrutinio que solo el debate abierto permite.

El verdadero progreso no consiste en imponer una sola manera correcta de pensar, sino en permitir que todas las maneras posibles se enfrenten, se cuestionen y, si es necesario, se destruyan con argumentos.

Si las palabras de Hernández son erradas —lo que es muy probable porque hace generalizaciones de casos que pueden ser particulares—, entonces que el diálogo lo demuestre. Pero si solo las censuramos y lo tachamos de hereje moderno, entonces no somos mejores que aquello que criticamos: solo cambiamos un dogma por otro.

El diálogo es el espacio donde las creencias se cuestionan. 

Sin diálogo —muchas veces incómodo— no hay evolución.

 

 

Sobre el autor

Omar Rodríguez
Omar Rodríguez

Periodista poblano, escritor, conductor de radio y televisión. Ha realizado coberturas de 30 torneos de Liga MX y coberturas internacionales, entre ellas Copa del Mundo FIFA y Copa Confederaciones.